Hoy se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, fecha designada por la Organización de Naciones Unidas para evaluar la libertad de prensa en el mundo, defender la independencia de los medios de comunicación, así como rendir homenaje a quienes han perdido sus vidas en el ejercicio del periodismo, y que en Bolivia llega en un momento de encendido debate.
En efecto, esta jornada para la libertad de prensa, cuyo objetivo según el Secretario General de la ONU es «promover la libertad de expresión como fundamento de la dignidad humana y piedra angular de la democracia», seguramente se caracterizará en el país por el debate acerca de una norma que prohíbe a los medios de comunicación difundir informaciones propias y opiniones acerca de quienes sean nominados como candidatos a las magistraturas del Órgano Judicial.
En esencia, la libertad de prensa se concibe como la existencia de garantías para que los ciudadanos tengan el derecho de organizarse para la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados ni censurados por el Estado. Su origen se remonta al siglo XVII y la más antigua legislación vigente data de 1766, en Suecia.
El derecho a tomar la voz frente al poder y sus medios oficiales ha tenido grandes transformaciones desde los tiempos en que se oponían súbditos y monarcas hasta los actuales, cuando los ciudadanos se enfrentan no sólo al Estado sino también a numerosos poderes fácticos. De ahí la vigencia de esta libertad, que a su vez es base para la materialización de los derechos de las personas a buscar, recibir y difundir informaciones y opiniones.
La libertad de prensa es la razón de ser de medios de comunicación como este diario, lo que nos compromete doblemente en la causa de su promoción y defensa.
No se trata sólo de la libertad de la empresa periodística, sino sobre todo del deber que impone el oficio periodístico de informar, sobre la base de que sólo al alcanzar un conocimiento lo más completo posible de lo que sucede en su entorno y en el mundo, la persona puede formarse una opinión que le permita buscar y organizar la forma de vida que le parezca más adecuada.
Reconociendo, además, que se trata de un derecho social, pues interesa y compromete a la sociedad toda y no sólo al individuo. Precisamente porque el beneficiario directo de la libertad de prensa debe ser el ciudadano, y no los dueños de medios o los periodistas que en ellos trabajan, es necesario que la celebración también haga énfasis en los derechos de las personas a ser correctamente informadas, aspecto que a menudo se omite en los debates públicos sobre la materia.
Hacemos nuestra, pues, la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, renovando nuestro compromiso con su defensa y promoción, y haciendo votos porque el poder reconozca a plenitud su importancia para la vida en democracia.






