Trabajadoras sexuales de Cartagena le declararon la guerra a la prostitución infantil en este turístico balneario del Caribe colombiano y junto a la policía y ONG buscan estrategias para evitar que los niños caigan en redes de proxenetas.
Las prostitutas lideran un proyecto para que taxistas, vendedores ambulantes y meseros cooperen frente a mafias que ofrecen a unos 2.000 niños de los barrios marginales.
«Fui prostituta antes que mujer. Comencé a los 10 años y sufrí experiencias que no creerían. Sé que no puedo borrar el pasado, pero sí puedo evitar que otros niños pasen por lo que yo viví y por eso los invito a ayudar», dijo Damaris a un grupo de taxistas reunidos en un salón de La Boquilla, un deprimido sector de la ciudad.
Pedido. La mujer, que aún ejerce en un prostíbulo del centro de la ciudad, forma parte de la campaña «La muralla soy yo» que busca involucrar a quienes viven del turismo en la lucha contra la explotación de niños y adolescentes.
«Desafortunadamente aquí al turista que llega con plata se le permite casi todo. Mi invitación es a ponerle límite. Que cuando pregunten por niños para (tener) sexo, no les pasen información. Piensen que son niños y que ellos, como sus hijos, valen más que cualquier propina», pidió Damaris.
Pero el negocio de la prostitución ha cambiado y con las nuevas tecnologías «ahora es menos frecuente ver el corrillo (grupo) de muchachitos esperando en una esquina la llegada del cliente», señaló Luis Céspedes, uno de los taxistas que participó en el taller.
«Antes los turistas preguntaban por niñas, pero ahora los contactos se hacen por internet. El turista dice: ‘Lléveme a tal hotel’ ahí tiene su cuento con el muchachito o la pelada (niña) le paga y ya. No entiendo cómo vamos a poder ayudar», cuestionó. El comandante de Policía local, general Ricardo Restrepo, admitió que el negocio ilegal «se ha sofisticado» y que detrás del abuso sexual a menores en Cartagena se mueven poderosas mafias.






