Los príncipes Alberto II y Charlene de Mónaco, que se unieron el viernes en matrimonio civil, se volvieron a dar ayer el «sí» en una ceremonia religiosa celebrada en el patio de honor del Palacio del Principado, oficiada por el arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi.
La sudafricana, de 33 años, 20 menos que el príncipe, se presentó del brazo de su padre, Michael Kenneth Wittstock, con el que recorrió la alfombra roja y blanca, los colores monegascos, que cuando acabe la boda será subastada por partes para destinar el dinero recaudado a causas humanitarias. Iba vestida con un traje de novia diseñado por el modisto italiano Giorgio Armani, quien también diseñó el ramo, compuesto de orquídeas y proteas rosas, la flor nacional de Sudáfrica. Por su parte, el príncipe Alberto vistió uniforme de verano, blanco, de la orden de carabineros.
Entre los 800 invitados se vio a al actor británico Roger Moore y a su mujer, al diseñador alemán Karl Lagerlfeld y a la emperatriz de Irán Farah Diva, entre otros.
Fuera del recinto, en la Plaza del Palacio, alrededor de 3.500 personas estuvieron congregadas durante el evento.
Tras la boda, los recién casados se trasladaron en auto hasta la Iglesia de Santa Devota, patrona de la ciudad-estado, en la que la princesa depositó su ramo, tal como hiciera Grace Kelly.






