Una veintena de prostitutas transexuales desafían todas las noches los peligros de las calles de Quito y el rechazo social sin más armas que sus agallas y la formación que les da el colectivo Proyecto Transgénero.
Expuestas a todo tipo de riesgos, como atracos, la discriminación por parte de transeúntes o la Policía, e incluso la muerte, como manifiestan casos recientes, chicas de entre 14 y 35 años ejercen de trabajadoras sexuales.
«La noche es a veces buena y a veces mala, a veces te tiran piedras, botellas…. a veces te sacas para la comida y a veces no, es una vida en la que nunca sabes si vas a llegar a tu casa», explicó a EFE Diana Carolina, que con 34 años es una de las veteranas de la Y, un sector en el norte de Quito. Experimentada y superviviente, recordó cómo se vio abocada a la prostitución tras ser rechazada por su familia por nacer en un cuerpo que no sentía suyo.
Diana Carolina asume hoy todos los riesgos de su profesión por 10 ó 20 dólares por servicio, con miedo desde que homófobos le propinaron una paliza hace 10 años en Guayaquil.
El panorama ha mejorado en los últimos años gracias al Proyecto Transgénero, una organización sin ánimo de lucro creada el 2002 que ha conseguido enormes avances para los transexuales en Ecuador.
La Ley Antidiscriminación, la tipificación el 2009 de los crímenes de odio, la inclusión en la Constitución del 2008 de la Libertad estética y la No discriminación por identidad de género, son algunos de sus logros del programa .






