El caso de Alexis Humala, que ha metido en problemas a su hermano Ollanta, presidente electo de Perú, con un viaje a Rusia en el que se ha reunido con ministros sin, por ahora, tener cargo oficial alguno, evidencia los nexos de poder y familia en América Latina.
La prensa peruana ya ha bautizado a Alexis como el «hermanísimo», título de tradición, como el de «esposísima», «cuñadísimo» o «sobrinísimo», no sólo en este continente sino también al otro lado del Atlántico en países de raíz latina, como España e Italia, o árabe, donde la familia es lo primero, también para los políticos.
El menor de los Humala viajó a Rusia «a título personal», según dice, pero allí mantuvo reuniones con autoridades y empresarios de las que surgieron comunicados oficiales del Gobierno ruso, en algunos de los cuales se anunciaban acuerdos para después de que el elegido por los peruanos asuma el poder, el 28 de julio.
«En América Latina no hemos sido capaces de separar el Estado de la persona del Príncipe», afirmó a EFE María Cristina Ocampo, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana de Bogotá, en alusión a Maquiavelo y la obra que marcó un hito en la teoría política.






