Willy y David Arce retornaron por unos días a Macha, su lugar de nacimiento, desde Jujuy (Argentina) donde radican hace 15 años. Ellos, como otros también migrantes, se reunieron con comunarios de 14 municipios para exigir que se respete el origen y significación de ese ritual.
El domingo 31 de julio, en un acto organizado por la Gobernación de Potosí, los lugareños recrearon el ritual que consiste en que músicos y danzantes ingresan a la plaza central de Macha desde las cuatro esquinas, para fundirse en un solo gran grupo. Cada comunidad se distingue por la vestimenta y los charangos. Los hombres tocan y las mujeres cantan con sus agudas voces, mientras todos avanzan con pasos de baile.
Abelardo Colque, subalcalde de Macha, y Adela Cusi, representante de la Federación Regional de Mujeres Bartolina Sisa, lanzaron duros cuestionamientos a las fraternidades que, en fiestas urbanas «desvirtúan» la forma y sentido del tinku.
«Ridiculizan a la mujer potosina», se dijo y se apuntó a los saltos y movimientos que «para nada tienen que ver con los originales» nacidos en torno a Macha. El gobernador de Potosí, Félix Gonzales, hizo la solicitud de la declaratoria a la ministra de Culturas, Elizabeth Salguero.
El historiador Tito Burgoa, presente en el lugar, dijo que las fraternidades muestran «una versión parcial del rito», acentuada «sólo en la pelea». El tinku incluye una pelea a puñetazos entre varones de las comunidades que, se dice, ayuda a saldar posibles rencillas. La coreografía urbana se queda en este detalle y esto molesta a los macheños.
Macha está en la provincia Chayanta. Cada 3 de mayo es escenario del encuentro de sangre y fiesta.






