El presidente sirio Bashar al Asad está más aislado después de que países árabes, entre ellos Arabia Saudita, y Al Azhar, la más alta institución sunita, se unieran a las protestas contra la represión, que ayer causó otros cuatro muertos.
Por primera vez desde el inicio de las protesta a mediados de marzo, el rey saudí Abdalá anunció el domingo que había convocado a su embajador en Damasco para «consultas», exigiendo al régimen «parar la máquina de la muerte» que «contraviene la religión, los valores humanos y la moral».
Kuwait y Bahréin tomaron ayer la misma medida, uniéndose estas tres monarquías a las protestas internacionales contra la represión de la revuelta social en Siria, que causó más de 2.000 muertos.






