«Mientras los pobres y la clase media luchan por nosotros en Afganistán y la mayoría de estadounidenses pasa apuros para llegar a fin de mes, nosotros los megarricos seguimos con nuestras extraordinarias exenciones fiscales», asegura Buffett en un artículo publicado hoy en el New York Times, titulado «Dejen de mimar a los súperricos».
El presidente de Berkshire Hathaway asegura que en el largo debate en el Congreso de EEUU para elevar el techo de la deuda pública, los líderes pidieron un «sacrificio compartido» que, sin embargo, las clases más altas no han tenido que asumir.
Para desatascar esas negociaciones y evitar que EEUU entrara en suspensión de pagos el 2 de agosto, los demócratas y el presidente Barack Obama cedieron a la presión de los republicanos y renunciaron a elevar los impuestos sobre las rentas y compañías más acaudaladas.
«Algunos de nosotros somos gestores de fondos de inversión que ganamos miles de millones de dólares por nuestro trabajo diario, pero se nos permite clasificar nuestros beneficios como intereses devengados», que tienen apenas el 15% de impuestos, indica Buffett en ese escrito.
Con «bendiciones» como éstas, el multimillonario admite que el 2010 su declaración fiscal fue de unos 6,9 millones de dólares, lo que supone un 17,4% de sus ingresos, mientras los trabajadores de su firma tributaron el doble, una media del 36%. El «Oráculo de Omaha», por sus certeras previsiones, opina que esta situación es un agravio comparativo en EEUU, donde el 80% de los ingresos provienen de tasas sobre nóminas de trabajadores.
Buffett subraya que sus amigos multimillonarios son «en general, personas decentes. Aman a EEUU y aprecian la oportunidad que este país les ha dado», por lo que «a muchos no les importaría que les dijeran que tienen que pagar más impuestos».
«Mis amigos y yo ya hemos sido mimados lo suficiente por un Congreso amable hacia los millonarios. Ha llegado la hora de que nuestro Gobierno se ponga serio sobre el sacrificio compartido», apostilla Buffett.






