El cielo es azul, el atardecer naranja… ¿verdad? Los colores que usted ve no son siempre los mismos que los que ve otra persona, pues percibimos el color a través de nuestro cerebro, según le explicó a la BBC el neurocientífico Beau Lotto.
El color es una de las sensaciones más simples: hasta las aguamalas detectan la luz sin siquiera tener un cerebro. Sin embargo, explicar la claridad y el color de una manera más general, es explicar cómo y por qué vemos lo que vemos.
La primera cuestión a recordar es que el color realmente no existe… al menos no en sentido literal. Lo que existe es luz. La luz es lo real. Se puede medir, tener y contar (de cierta manera). Pero el color no es luz. El color es completamente fabricado por nuestro cerebro.
El color es posiblemente nuestra mejor creación, una que fue engendrada en base a nuestras experiencias pasadas. Si usamos experiencias pasadas para entender la luz, ¿cuán pronto podemos aprender a ver a la luz de forma diferente?
La respuesta: toma apenas unos segundos. Para demostrarlo, intente la siguiente ilusión óptica. Primero, note —en la imagen de arriba— que las dos escenas en el desierto tienen exactamente la misma composición de color.
El cielo en ambas es azulado y el desierto, amarillento. Sin embargo, si usted fija su vista sólo en el punto que está entre los cuadrados rojo y verde por 60 segundos, y luego mira el punto que está entre las dos escenas del desierto, los colores de las dos imágenes idénticas del desierto lo dejarán estupefacto.






