Hoy se cumplen 40 años del golpe de Estado del extinto general Hugo Banzer. Mujeres como Chungara, Luzmila de Pimentel, Angélica de Flores y Aurora de Lora fueron artífices de una lucha sindical que acabó con un régimen militar que gobernó Bolivia por siete años. A cuatro décadas de ese hecho, Domitila Chungara ve con optimismo el futuro y espera que las nuevas generaciones no olviden aquellos tiempos en los que los derechos humanos no existían.
— Hoy se recuerdan 40 años de la dictadura del extinto general Hugo Banzer, ¿qué rememora de esa época?
— La dictadura de Banzer fue tan cruel como la dictadura de (René) Barrientos o de (Luis) García Meza. Ellos han tomado el poder contra la voluntad del pueblo, principalmente Banzer, porque ha entrado al Gobierno con matanzas y sangre, nos ha arrebatado las pequeñas conquistas que teníamos los obreros, como bonificaciones y días de feriado. En la mina, por ejemplo, teníamos una pequeña bonificación, y eso nos ha quitado y ha lanzado devaluaciones (de la moneda), como la de 1974. Con un peso boliviano comprábamos seis panes, y de la noche a la mañana, por un decreto, sólo se podía comprar con el mismo peso boliviano dos panes. Debido a las protestas en el campo ha habido las matanzas de Tolata y Epizana, en Cochabamba.
— ¿Cómo fue la dictadura en los centros mineros?
— Nos quitó todas nuestras libertades, se persiguió y detuvo a nuestros dirigentes sindicales y a cualquier persona que hablaba sobre aumentos salariales o injusticias. En Siglo XX (Potosí) teníamos más de 400 familias que no tenían trabajo, y los papás, cabezas de hogar de esas familias, estaban declarados en la clandestinidad o exiliados. Nuestros campamentos mineros eran zonas militares, porque eran patrullados con tanques, y estaba prohibido caminar entre dos o tres personas, porque se nos acusaba de que estábamos confabulando contra el Gobierno. Los militares se entraban de noche a las casas.
— ¿Todos los derechos fueron proscritos?
— Fueron siete años crueles, sangrientos y llenos de temor. No éramos libres de decir nada, ni siquiera podíamos dormir tranquilos porque de noche los militares entraban a cualquier vivienda, capturaban a los hombres y violaban a las mujeres. La dictadura ha sido muy dolorosa, sobre todo para las familias mineras porque los centros mineros fueron también centros militares.
— ¿Qué hacía Domitila Chungara cuando Banzer accedió de facto al poder en 1971?
— Era dirigente de las amas de casa, pero como fuimos marginadas ingresé a la Asamblea Permanente de Derechos Humanos. A través de esa organización hacíamos denuncias en la medida en que se podía. Hacíamos todo el esfuerzo para que en el interior o en el extranjero se conozca todo lo que pasaba en el país.
— La historia relata que fue la huelga de hambre de 1978 que abrió el paso al cambio.
— Realmente en las minas había unidad. Los obreros nunca se doblegaron ante los dirigentes o coordinadores que puso el Gobierno. Nadie se iba a quejar donde ellos, pero luego se crearon los delegados de base elegidos por los obreros y a través de ellos se organizó la huelga de hambre de cuatro mujeres que después se propagó por todo el país.
— ¿La lucha sindical fue base para el derrocamiento del extinto general Banzer?
—La Central Obrera Boliviana (COB), apoyando a la huelga de hambre de las mujeres, declara la huelga general. Banzer pensó que el pueblo no iba a aceptar la medida de presión, pero se equivocó, ya que todo el país paro. El dictador tuvo que repensar las cosas porque una medida de esta naturaleza paralizaba la producción minera e hidrocarburífera, y el conflicto amenazaba con crecer por las exigencias laborales. Banzer se asustó y de los cuatro puntos de nuestro pliego, aceptó tres: la amnistía general e irrestricta para todos los obreros y perseguidos políticos y sindicales; la devolución de sus fuentes de trabajo; y la vigencia de las organizaciones sindicales y políticas porque iba a haber elecciones, y no había ningún partido político de oposición. Estos tres puntos se lograron con la huelga de hambre que movilizó y unió a todo el país.
— ¿Qué cambió en el país en estos 40 años?
— Muchas cosas han cambiado, pero no como nosotros quisiéramos, porque falta participación y unión del pueblo. Hay mucho interés personal, no hay una línea política que seguir para un cambio definitivo en el país.
— ¿Qué le pareció el cambio de Banzer, de dictador a Presidente elegido democráticamente?
— Ellos tienen trampas para acceder al poder, porque se juntaron tantos grupos que aparecieron ganando las elecciones. (Banzer accedió al poder apoyado por una megacoalición formada por el MIR, NFR, PDC, Condepa y UCS). En realidad, yo creo que la gente que ha sufrido por la dictadura y a la que le ha costado bajar a Banzer del poder no ha votado por él.
— ¿Cómo se puede fortalecer la democracia en el país para que no se repitan episodios como el de las dictaduras?
— Es una obligación moral de todos los padres de familia transmitir las experiencias que hemos vivido, es decir, el sufrimiento que hemos pasado durante las dictaduras. Somos un país rico y el pueblo tiene derecho a disfrutar de esas riquezas, y para eso tenemos que organizarnos, unirnos y prepararnos políticamente para saber por qué camino ir.
— ¿Hará algo especial para rememorar estos 40 años del golpe de Estado del 21 de agosto de 1971?
— Sí, en la Escuela de Formación Política siempre hacemos un acto de homenaje pequeño, contamos los episodios que se ha vivido.






