Acompañada de todos los expresidentes de Brasil desde el fin de la dictadura, la presidenta Dilma Rousseff, una exguerrillera que fue encarcelada y torturada, inauguró emocionada la Comisión de la Verdad que investigará los delitos cometidos durante la larga dictadura militar (1964-1985).
“Brasil merece la verdad, las nuevas generaciones merecen la verdad y, sobre todo, merecen la verdad de los hechos aquellos que perdieron a amigos y parientes y que continúan sufriendo como si muriesen de nuevo y siempre cada día”, dijo Rousseff, con voz entrecortada por la emoción, al mencionar a las víctimas.
Muertes. Brasil reconoce oficialmente 400 muertos y desaparecidos durante el régimen militar, contra 30 mil en Argentina (según organismos de Derechos Humanos) y más de 3.200 en Chile.
La presidenta invistió en el cargo a los siete miembros de la Comisión, que por dos años investigarán hechos como la desaparición forzada de personas y violaciones de derechos humanos, bajo la condición de no levantar la amnistía de 1979 que impide enjuiciar y encarcelar a los represores y que fue ratificada por la Corte Suprema en 2010. Las excompañeras de celda de Rousseff a inicios de los años ’70, encarceladas por combatir la dictadura, fueron invitadas al evento, y también otros sobrevivientes.






