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Integración y demanda marítima

El conflicto limítrofe con Chile

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Por Fabio Jaimes Soza
/ junio 3, 2012
en Animal Político

Los ciclos son fenómenos que se repiten periódicamente en un orden determinado. En lo social, los ciclos pueden ser cortos, largos y medianos, y pueden culminar en un cambio por la vía pacífica o violenta, siempre que las condiciones estén dadas para ello, tales los casos de la independencia de la India o la Revolución Francesa. Veamos la existencia del ciclo de la demanda marítima y del ciclo de la integración. El primero tiene una duración de 133 años y se puede resumir en los siguientes puntos o compromisos propuestos por Chile:

En 1895 se comprometió a ceder a Bolivia Tacna y Arica; en la Asamblea de la Liga de las Naciones declaró que está dispuesto a satisfacer la demanda boliviana; aceptó la proposición de Kellog de ceder a Bolivia Tacna y Arica; tres presidentes de Chile (Juan Antonio Ríos, Gabriel Gonzales Videla e Ibáñez del Campo) manifestaron su disposición de resolver el problema marítimo; Pinochet planteó el canje territorial que fue rechazado por el pueblo boliviano; la propuesta de febrero de 2000 de Bolivia y Chile al Perú de una integración tripartita que establecía dar solución al problema marítimo de Bolivia con soberanía; la idea absurda de Lagos de otorgarnos una salida al mar sin soberanía y previo plebiscito en Chile.

Por otra parte están las resoluciones de apoyo a Bolivia de organismos internacionales; de países hermanos como Venezuela, Perú, Argentina, Uruguay. Y lo más importante, la resolución de la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) de 1979, que insta a las partes a dar solución al problema de salida de Bolivia al mar con soberanía.

El ciclo de la integración comenzó en 1960 con organismos subregionales y regionales. En tiempos recientes,   el Mercosur (Mercado Común del Sur), el Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América), la Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe). Esta última, conformada por 33 estados —con exclusión de Estados Unidos y Canadá— que buscan una integración no sólo económica, social y cultural, sino fundamentalmente política, es decir, crear un Estado Latinoamericano y del Caribe. Además,  Unasur, que necesita proteger sus reservas energéticas, alimentarias e hídricas, fundó el Consejo de Defensa Sudamericana (CDS), con sede en Buenos Aires, para el intercambio en materia de seguridad regional. Veamos ahora la evolución del pensamiento chileno:

Cuando Chile se retiró del Pacto Andino le preguntaron a una autoridad gubernamental chilena qué opinaba sobre la integración; ésta espetó: “La integración es una estupidez”. Ahora no pueden decir lo mismo porque están de acuerdo con la integración; de otro modo no estarían dentro de Unasur ni en la CELAC.

Hace aproximadamente dos décadas, José Manuel Insulza afirmó que “la posición de Chile no va a cambiar aunque lo planteen mil veces”, pero ahora como Secretario General de la OEA instó a las partes a buscar una solución y que hará cumplir la resolución de la OEA de 1979 (que reza la salida al mar con soberanía).

Si hace 30 años hubiéramos planteado nuestro reclamo como lo estamos haciendo ahora (mar con soberanía), con seguridad que Chile hubiera amenazado con invadir Bolivia y probablemente hubiera cumplido su amenaza, ya que un militar chileno sostuvo que en ocho horas sus tanques llegarían a La Paz y en 12 horas el Ejército boliviano sería neutralizado. Ahora no pueden amenazar con una invasión porque las condiciones son otras, ya que estamos en pos de formar un solo Estado (CELAC). Por eso sólo atinan a responder que harán cumplir el Tratado de 1904.

Se han dado tantas idas y venidas, que estos dos ciclos, coincidentes, han creado las condiciones para el cambio: El primero, para plantear la demanda marítima, y el segundo, para la integración latinoamericana y el Caribe. Cabe aquí el ejemplo de la caldera de agua sobre la hornilla que no hierve sino cuando las condiciones están dadas.

El problema chileno-boliviano es complejo. El Ejército chileno, hasta el último soldado, está adoctrinado para invadir Bolivia. ¿Por qué no lo hace? Porque:

— Le preocupa Perú, la Confederación Perú-Boliviana soñada por Humala y Chávez, que quiere bañarse en las aguas del mar boliviano.

— Tiene también problemas con Argentina, ya que Pinochet quiso envenenar sus aguas para facilitar la invasión a su territorio.

— La política fascista de las dictaduras sudamericanas ha fracasado definitivamente.

— Lula dijo que quería ver una América del Sur integrada con un solo parlamento.

— América Latina está obligada a defender el derecho de Argentina sobre las Malvinas.

— El problema de Bolivia no es ni puede ser bilateral sino multilateral, porque es de interés de toda América Latina.

— Por la evolución del derecho internacional, todos los Estados mediterráneos del mundo han conseguido el reconocimiento del derecho al mar desde 1994.

— El pueblo chileno, consciente de su historia, le pide a su gobierno mar para Bolivia, como lo quiso Allende.

— Recibiría la condena de la opinión pública mundial, sería un atentado contra el derecho internacional y contra los derechos humanos.

— Sabe que Bolivia nunca fue mediterráneo, sino como consecuencia de la Guerra del Pacífico.

— El Tratado de 1904 fue suscrito bajo amenaza de invasión armada y que en consecuencia no hubo libre consentimiento, hecho que estudia la comisión marítima para plantear la demanda.

Pero, entonces, ¿qué hará Chile con su Ejército si se llega a constituir el Estado Latinoamericano y del Caribe, que ya ha dado sus primeros pasos con la CELAC? ¿Lo pondrá al servicio de este nuevo Estado para defenderlo de los enemigos externos o seguirá pensando en conflictuar esta región?

Estamos conscientes de la psicología paranoica de la oligarquía chilena y de aquellos militares fascistas que en connivencia con Pinochet derrocaron al presidente Allende y eliminaron a miles de ciudadanos chilenos.

Éstas son las razones por las que Chile no puede dar respuesta a las reiteradas exigencias del presidente Evo Morales, ya que parece jugar el papel de Israel en esta región geográfica, pues, acaba de inaugurar la Base Militar de Concor en Valparaíso, ampliándose así el cerco de Estados Unidos a los países del Cono Sur, que comenzó con las siete bases militares de Estados Unidos en Colombia.

En consecuencia, a Chile no le quedan sino dos opciones:

1. O está de acuerdo con la Integración de América Latina y busca un acuerdo conciliatorio con Bolivia.

2. O está con el imperio anglo-sajón e insiste en mantener su conflicto con Bolivia que supone desintegración.

En el primer caso se habría favorecido el fortalecimiento de la CELAC, que se constituiría en una potencia, o, a la inversa, la desintegración sería un retorno al colonialismo.
Para finalizar, debo expresar mi desacuerdo con los pesimistas, los vacilantes y los enemigos internos, quienes debieran tomar ejemplo de aquellas personalidades que no comulgan con las ideas del presidente Evo Morales, pero que contribuyen en la elaboración de la estrategia de reivindicación marítima poniendo su talento al servicio de la Patria.

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