La ciudadanía chilena se vio cortada en dos ayer entre quienes apoyan y quienes repudian el masivo homenaje que preparan para este domingo civiles y exmilitares en honor al fallecido dictador Augusto Pinochet, bajo cuyo régimen (1973-1990) miles de personas fueron torturadas, asesinadas o desaparecidas. El gobierno del presidente derechista Sebastián Piñera señaló que «respeta» al homenaje pues no contraviene la ley.
«Este tipo de homenajes, obviamente que en democracia y con nuestra legislación pueden darse», dijo el vocero del Gobierno, Andrés Chadwick, primo hermano del presidente Piñera. Varios grupos de derechos humanos comenzaron ya una campaña para realizar una protesta frente al Teatro Caupolicán, en Santiago, donde serán rendidos los honores.






