La madre, que evitó dar su apellido, relató entre llantos a radio Fides, que los cadetes de 4° año “impulsaron”, es decir hicieron correr bajo presión a los estudiantes de 2° año de los paralelos A y C aplicándoles toques de electricidad con “toritos”, pequeños aparatos que descargan energía.
“El viernes antes de bajar al pabellón —relató Susana—, los habían mandado a abrigarse y subieron a sus dormitorios. Los encargados de curso, que son de cuarto año, empezaron a impulsarlos, a bajarlos por unas gradas de tipo caracol con unas barandas metálicas a los costados. A mitad de las gradas, empezaron a subir cadetes de primer año, y les dijeron que se detengan”.
“Por arriba, —continuó— , estaban los cadetes Iriarte y Terán, que portaban toritos y los seguían amontonando. Eran más de 50, es un espacio para tres personas. Cuando los de 2° curso, vieron que iba a ceder la baranda, gritaron: Mi cadete por favor ya no más, va a ceder la baranda, pero Iriarte y Terán, no hicieron caso. La baranda cedió por la parte delantera con los cadetes que estaban aprisionados. Cayó toda una bola humana”.
“Después de eso, todavía los hostigaron. El brigadier mayor subió a decirles, semis de tal, ¿están llorando por dos muertitos?”. ¿Cuántos muertitos más quería el brigadier mayor?, se preguntó Susana.






