acostada gruñe cada piedra insomne
durmiendo sin fin un sueño vacilante
el vago lecho en las calles desierto
del empedrado alfombra congelada
de pasos inmemoriales un fantasma
sin opacidades vastas transparentes
a ambos lados amplias se extienden
de cada sombra testigos sin cargo
los lechosos charcos temblorosos
agitado de capullos el sendero
la alfombra inquieta del río afuera
el rubor pálido que acometiera sus bordes
hecho incierto reflejo de ansiedad herido
gris inserto en la penumbra templada
donde inmóvil pasar el tiempo hoy miras
algo húmedo tras los encajes atisba
relente sin armonía duro tembloroso
su alucinado lomo liso se encabrita
perplejo del amanecer balsámico
que hosca un ave hiere translúcido
intenta seducir dividida nuestra alma
un sabor a miel construido espacio cruel
que decapita sorpresas minuciosos abalorios
un hermafrodita denso y tajante parto
que vuela sangra come y se dispersa
su sonrisa de libélula tibia espalda
de su blanca alegría frágil vaporosa
de miedo entre muros el regado paisaje
la recíproca afición del cárdeno tejado
tierra de sofocante ávida espesa leche
valoro que sediento lobo es cuando
interminable febril por las vías aúlla
atrapado por esa ciega errante luna
que un tacto frío de su lomo araña
como de sí mismo saldría la presa
pezuñas eran las que sin tocar el suelo
casi del polvo pálido flotaban en la bruma
ensartadas oscuras en la fría celeste
coronada de vientos gris sonora lluvia
presagio conjuro ira pensamiento
asqueada de hondas pupilas se dilata
un quieto incendio que en ascuas devora
todo cuanto se mueve respira o repta
húmedo semen quería del cuerpo zafarse
de la sin pelos piel sudor sin aire
de ojos carminados tierna babosa fiera
preciosos artefacto preso pedernal
aérea jadeante taciturna gota coral
cola ríspida aguja látigo de miedo
vaporosa noche vaharina muerte
de rostro nebuloso pleniluna intensa
del alma puñal la noche reina brumosa
rada ululante anclada mágica ilusoria
detenida campana transparente
oscilar de una vida o un instante
nívea transparente salvaje caricia
curvas hirsutas de miedo ensartadas
sombras tenues de cráteres lejanos
donde se iniciaran de astronautas
las horrendas cataratas del vacío
por las oscuras latentes barandas
penetra sudorosa la niebla densa
orificio cautivo de insondables pupilas
alucinadas crudas devorándose espejos
donde tropieza cae e inmóvil se detiene
de cristal devuelve miradas ninguna laguna
demente paraíso de brujas duermevela
el tiempo no existe ni el rumor que late
súplica vientos de amor alucinados besos
ebrias aves succionando la bermeja aurora
los que pasos tenues trajeron han borrado
no existe huella del retorno camino alguno
pero aún brilla dorada de día la riente luna
entre celeste plata recostada y blanco
sarcófago hondo de la transparente noche
Ángel Zuaznábar (1955-2012)
Poeta, narrador y artista plástico
Con el libro Licantropía Ángel Zuaznábar ganó el Premio Nacional de Poesía 2004. El jurado valoró su estilo diferente, “una especie de nuevo barroco”.
Ángel Zuaznábar fue el nombre de artista de Miguel Ángel Aranda Suaznábar. Nació en La Paz en 1955. A lo largo del tiempo, combinó las artes plásticas (los dibujos de esta página son de su autoría) y las letras, sus dos oficios y pasiones.
En Venezuela publicó su libro Gotacoral en 2009. También es autor, entre otros títulos, del volumen de relatos Nubes como alfombras (2008). Murió el domingo 26 de agosto.






