El miércoles disfrutamos primero de Efecto Mandarina. Composiciones propias, canciones del repertorio jazzístico tradicional, o “standards”, y la interpretación muy personalizada del pop, Stevie Wonder por ejemplo. Los músicos mostraron excelente técnica, talento, alegría y madurez como grupo. Verónica Pérez, en la voz, con una perfecta dicción y una sensibilidad conmovedora cuando interpreta a capela Tout dit (Todo dicho) de la cantante francesa Camille. El público, de pie, ovaciona al grupo.
Luego entran en el escenario cuatro jóvenes, entre 22 y 25 años, cuya gira desde Francia, organizada por la Fondation Alliance Française, les ha permitido tocar en Caracas, Barquisimeto, Santa Cruz y Cochabamba. Comienzan las melodías hechizadoras del oud árabe de Mohamed y de la guitarra “gipsy” de Guillaume; navega sobre ondas majestuosas, como las aguas del Nilo, el contrabajo de Hugo, y dialoga con las percusiones enérgicas, Anne Laure. En la pantalla de mi mente desfilan imágenes de caravanas caminando en medio del viento sirocco, y de apacibles y verdes oasis. Cuando termina la película, abro los ojos y veo el público aclamando de pie a estos cuatro nómadas del jazz que continuarán mañana su periplo internacional, llevando un poco de arena del desierto egipcio al Perú.
Serge Carraro es fanático del jazz.






