Un triángulo amoroso entre un hombre que se siente cobijado en los brazos de otro, pero que necesita la seguridad que le da una mujer, inició las presentaciones del I Festival y Encuentro de Coreógrafos de Danza Contemporánea. La primera jornada mostró el trabajo de cuatro creadores.
Marea Alta, de Sergio Valencia, ofreció una historia de amor/desamor que derrocha sinceridad y sensualidad. La interacción entre los varones transita desde la ternura cándida hasta el homoerotismo. El también bailarín logró una pieza capaz de narrar y provocar a través de la piel.
La identidad también preocupa en las obras Marico, de Tania Carrafa, y Por el borde de mi sombra, de Javier Condori. La primera repasa lo femenino, desde la transición del sueño de la princesa y los tacones altos hasta el peso que carga hoy la mujer, expresado a través del bolso chimán. Condori, en un desahogo que trepa desde los movimientos enérgicos hasta el estallido del grito, reveló a un artista que cuestiona su lado oscuro desde la danza.
La compañía de Melo Tomsich trajo Amarillo e Improvisación, dos piezas de gran belleza y despliegue enérgico con la cualidad de contagiar las pulsiones del otro, la mejor forma de cerrar una noche promisoria.
Miguel Vargas es periodista.






