Si se trata de elaborar una obra para Dios, debe ser algo magnificente, a su altura. De ahí las catedrales, las pinturas y los autos sacramentales. Así, el pasado jueves y viernes, el público paceño pudo escuchar obras que fueron ofrendadas por los esclavos negros estadounidenses, entre 1619 y 1808, para agradecerle al Creador.
El concierto Negro spiritual, del Coro Sinfónico de Bolivia, presentó una selección de 12 temas en que se combinó el coro en pleno con solistas, coro de mujeres, y cuartetos, dando dinamismo a la puesta.
El gran mérito del director Julio Barragán es que conoce las potencialidades de su elenco, donde las voces femeninas ofrecen mayor riqueza y solidez. Así, logró que el cuarteto, conformado por Diana Azero, Susana Renjel, Rocío Juanes y Anna Agramont, brindara un trabajo preciso e intenso en sus matices.
Por otro lado, cada solista brindó una interpretación de carácter que sirvió de puntuación del concierto. La dulce interpretación de Renjel contrastó con el dramatismo de Pamela Sotelo y la hondura de Teresa Morales. La solista estadounidense invitada, April La Vai, llenó la sala con el suave y profundo pulsar del soul.
No sé cómo habrá recibido Dios esta ofrenda, pero para el registro mundano queda un concierto placentero que me dejo tarareando melodías para agradecer al Creador.
Miguel Vargas es periodista.






