Dos especialistas en psicología analizaron este miércoles las secuelas que el COVID-19 deja en personas de la tercera edad, en niños y en adolescentes. Coinciden en que las personas deben aprender a vivir sin miedo, estar informadas y reinventarse para hacer frente al coronavirus que llegó a Bolivia en marzo de 2020.
La doctora en Psicología Margareth Hurtado sostiene que lo primero para hacer frente al virus es aprender a “vivir sin miedo, sin carencias y con dignidad”, porque el fenómeno generó incertidumbre y temor desatando cambios a niveles emocionales y físicos.
“Peor aún, estamos ante un fenómeno que está asociado a la muerte”, añadió la también doctora en Psicología Sissi Grybowski Gainza.
“Frente a la posibilidad de muerte se genera un cambio y unas respuestas esperables, el enojo, la depresión, el temor, en algunos casos tendrán que vivir un duelo y en otros festejar porque el ser querido sigue vivo”, reflexionó.
Según Hurtado, el COVID-19 obligó a hacer “ajustes” en la vida de las personas tomando en cuenta el encierro en el que se vive, incluso actualmente, para evitar el contagio.
“Tenemos que comprometernos con nuestra vida, tomar las situaciones que vienen (…) como desafíos de aprendizaje para no perder el control sobre nuestras vidas. Bajo ningún criterio nadie debería perder el control sobre su vida, y eso es difícil cuando una persona se enferma, es una situación difícil (…) debemos convertir lo malo en espacios de aprendizaje”, aconsejó.
De acuerdo a Grybowski Gainza, lo importante es seguir las medidas de bioseguridad, el cambio de rutinas y el estar informado sobre la enfermedad, lo que a su vez ayuda a reducir el estrés, ansiedad, culpa y el temor.
“Es tan importante que los medios hagan estos ciclos de psicoinformación”, señaló la experta, que recalca que se debe estar consciente de que la enfermedad puede llegar a todos. “Tenemos que informarnos e informar a las personas. Si hemos explicado 100 veces al paciente tenemos que seguir explicando que la vida continúa, que tenemos que transformarnos y vivir de manera diferente”.
“Ante el temor –dice Hurtado- hay que informarse”.
“El encierro lleva al proceso oxidativo que llevan a la muerte y por eso es importante educar a estos grupos vulnerables de niños como de adultos mayores de que hay que tener cuidado, distanciamiento social, uso de alcohol, pero que el virus no está ahí todo el tiempo y que si mantenemos una higiene adecuada no nos vamos a contagiar”, aseveró.
“A los adultos mayores hay que enseñarles a usar las redes sociales, la más sencilla el WhatsApp, para estar en contacto con sus familiares, porque el encierro acelera el proceso de deterioro, envejecimiento y oxidación”, advirtió Hurtado.
Grybowski Gainza recomendó que en el caso del adulto mayor se debe apuntar a ejercicios en casa y mantener el contacto con amigos o familiares.
“Si no podemos estar con nuestro ser querido de la tercera edad podemos comunicarnos con la tecnología, no es justificativo la distancia para dejarlos solos, incluso con los niños”, afirmó la experta.
En el caso de los niños, según Grybowski Gainza, lo importante es crear horas de relación de calidad con actividades como juegos.
Hurtado apuntó a que habrá que repensar la socialización entre los niños y los adolescentes porque se necesita de la cercanía física de sus pares en edad.
“Hay que promover encuentros, momentos de esparcimiento. El adolescente inicial necesita validarse con sus pares de edad. Vamos a tener que replantear las variables de desarrollo humano psicológicas después de esta pandemia porque habrá una generación de niños con otro tipo de mentalidad con relación a los adolescentes y con lo que ya estábamos acostumbrados”, sostiene.






