Carlos Manuel sale dando saltos de alegría de una agencia estatal de empleo en La Habana. Animado por una reforma económica que incrementó los salarios en Cuba, quiere retomar su antiguo empleo de profesor de boxeo, al que renunció hace un lustro desmotivado por la poca paga.
«Me voy muy contento, porque gracias a Dios estaba la oferta que vine a buscar», declara a la AFP Carlos Manuel Pérez, de 39 años, a la salida de la Dirección Municipal de Trabajo de La Lisa, en el oeste de La Habana.
Al igual que Pérez, miles de cubanos están acudiendo a estas oficinas, forzados por una reforma que quintuplicó el salario mínimo hasta 2.100 pesos cubanos (87 dólares), pero también dispuso un fuerte aumento de precios en alimentos y servicios.
La nueva estrategia oficial para estimular la incorporación al trabajo, comienza a dar resultados, en una isla de 11,2 millones de habitantes, cuyo gobierno multaba e imponía penas cortas de cárcel a vagos en los años 70. Luego por décadas aplicó políticas de persuasión.
En los últimos dos meses, unas 127.000 personas solicitaron un empleo en agencias estatales y el 60% lo obtuvo, según cifras oficiales.
Ahora ‘vale la pena‘
«Es de las cosas que pretendíamos que sucedieran, que las personas sintieran la necesidad de trabajar», y «se aprecia una tendencia al crecimiento», explicó a la AFP el viceministro del Trabajo, Jesús Otamendiz.
La «política» es que «todo el que quiera trabajar en Cuba encuentre una opción de trabajo», y «estamos haciendo énfasis en el sector productivo» para «incrementar la oferta de bienes y servicios a la población», añadió.
Tras graduarse en 2012, Pérez comenzó a trabajar para el Instituto Cubano de Deportes (Inder) como profesor de boxeo, pero hace cinco años renunció, desmotivado por el salario mensual que percibía de 500 pesos (20 dólares). Entonces se hizo panadero.
Según la nueva escala salarial, ahora ganaría 5.500 pesos cubanos (229 dólares) por mes, 11 veces más. «Creo que vale la pena intentarlo de nuevo, con este salario uno puede dedicarse a lo que a uno le gusta», asegura este fanático del boxeo.
Como él, muchos profesionales cubanos, incluidos médicos, renunciaron a ejercer sus carreras en la última década. Eran atraídos por los altos salarios que pagaba un entonces floreciente sector privado, ahora severamente castigado por la pandemia.
Trabajar para el Estado «no era la opción más favorable», reconoce la directora de Trabajo de La Lisa, Elena Méndez, de 50 años.
Precisamente, resolver el problema de «la injusta pirámide invertida» -así la llamó en 2013 el entonces presidente Raúl Castro-, es decir que ganen más los que tienen profesiones o cargos con mayor grado de complejidad, era uno de los objetivos de la reforma, según el gobierno.
Por décadas, en la isla un maletero de hotel podía ganar hasta 10 veces más que un médico o que un ingeniero en informática.
(09/03/2021)






