Como ocurrió al inicio de este siglo, en septiembre del 2000, Felipe Quispe, el Mallku, recientemente fallecido, protagonizó una movilización para interpelar al Estado boliviano por su carácter monocultural; en noviembre de 2019, volvió, una vez, a sus andanzas insurgentes esgrimiendo el axioma aimara “somos janiwa” para enfrentarse a los golpistas que desportillaban la democracia.
La radicalidad katarista que encarnaba El Mallku refluyó constantemente descarnando el fracaso del discurso descolonizador del “proceso de cambio”. Quizás por esta razón, El Mallku decía que el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) “pretende sacarnos un ojo de la cara y un pedazo de carne del cuerpo”. El desencanto de El Mallku se refería al expresidente Evo Morales como un “supuesto aimara” y expresaba el dolor de muchos indígenas por haber “llevado en hombros —como decía— a Morales (…) para que sea primer Presidente indígena”.
A pesar de su distanciamiento con el MAS, El Mallku, a diferencia de otros líderes e inclusive intelectuales indígenas, se aferró a su lucidez intelectual y política para vislumbrar la atrocidad del golpe de Estado que derribó al exmandatario y luego instaló un régimen de terror estatal.
Quizás las masacres a indígenas y la persecución a líderes sociales por parte del gobierno de Jeanine Áñez hicieron que El Mallku se refiriera a éste como un gobierno con “posiciones de ultra reaccionaria y racista”. Así se sumó a la convocatoria popular, en agosto pasado, en pos de blindar la fecha de las elecciones varias veces suspendidas por el gobierno golpista. En todo caso, no se puede comprender la restauración de la democracia, en octubre de 2020, sin el accionar de las “masas de agosto”.
El papel de la movilización de lo nacional- popular en agosto pasado fue un papel significativo para revertir el orden oligárquico racista que estaba en curso. A la sazón, las “masas de agosto” pusieron en evidencia la vocación democrática de lo nacional-popular como horizonte de la lucha socio/política para recuperar la democracia.
Mientras sectores burocráticos del MAS e intelectuales criollos/mestizos se espantaban con la movilización con el pretexto de provocar que se ahuyente a la “clase media” urbana, la sagacidad política de El Mallku entendía que esa movilización era necesaria porque sirvió como una alerta para evitar que los golpistas se prorroguen en el poder. Felipe Quispe, una vez más, estaba acertado.
En las elecciones de octubre, a pesar de sus diferencias políticas con el MAS, El Mallku, percibiendo el asedio de la derecha conservadora, manifestó públicamente su apoyo por el MAS: “En estas elecciones tenemos que votar para nuestros propios hermanos que están como candidatos, el caso de nuestro hermano David Choquehuanca”. Aquí otra lucidez política del líder indígena recientemente fallecido.
Mallku, en aymara significa “cóndor”. A sabiendas, que el cóndor vuela alto en pos de la libertad y rompiendo toda forma de opresión, asumió para él este sobrenombre. El Mallku con su muerte vuela alto, dejando atrás un legado imprescindible para comprender el ayer y el hoy de las “dos Bolivias”, como le gustaba identificar a esta supuesta “Bolivia moderna” que buscaba el blanqueamiento del cuerpo del indio que reflejaba las contradicciones sociales y raciales de un país atrapado por el “colonialismo interno”. O como diría Javier Sanjinés, El Mallku fue la “metáfora para dar el punto de vista de la subalternidad”, y su accionar de articulación a lo “nacional popular” para resistir el golpe de Estado sirvió para encumbrarle como paladín de la democracia.
Yuri Tórrez es sociólogo.






