Era 1989 cuando la señora Nelly Martínez de Jiménez, directora y fundadora de la Universidad de la Tercera Edad (UNI3), llegaba a Cochabamba de su viaje por Uruguay, país que la marcó por un suceso específico: los adultos mayores, aquellos a quienes se considera sabios debido a su experiencia, pero son vetados de nuevos aprendizajes, recibían formación en diferentes áreas artísticas y culturales.
Al llegar a Bolivia, Martínez decidió apostar para que las personas de la tercera edad volvieran a experimentar el asombro, aquel que es provocado por lo extraordinario, lo inesperado y que afecta al ánimo, pero esta vez desde un nuevo lugar, tanto emocional como físico. Así, la universidad para mayores se creó ese mismo año, el 10 de junio, en la Llajta boliviana con el objetivo de mejorar la salud integral del adulto mayor. Martínez, uruguaya de nacimiento, sembró en Bolivia esta posibilidad de formación.
“Empezó con un grupo reducido de señoras con las que hacían gimnasia y poco a poco el grupo fue creciendo y las actividades se fueron diversificando”, comenta María Julia Ruiz, artista, comunicadora social y profesora de teatro en la institución desde hace 10 años. Integrante de los elencos teatrales Laredo, Teatro FA, Makhurka Teatro y Nuez Teatro, también trabajó en el área audiovisual con publicidades y radiales, pero se le presentaba una oportunidad única: formar parte de UNI3 un año después de que Nelly Martínez falleciera en Cochabamba tras un infarto.

“Empecé en 2011 a dar clases de teatro en la universidad, no solo para aportar a los beneficiarios sino también a la memoria de Nelly, que había pensado en mí anteriormente para trabajar en la institución. Empecé con cierto temor porque era un desafío nuevo, pero me fui enamorando del trabajo con estas maravillosas personas”, cuenta la educadora.
Actualmente, la UNI3, ubicada en calle Mayor Rocha 245, entre las calles Junín y Hamiraya (Cochabamba), imparte educación no regular con especialistas en pintura, dibujo, teatro, gimnasia, yoga, computación, canto coral, manualidades y danza. Cada alumno elige individualmente los talleres y actividades de interés.
El asombro que Martínez buscaba provocar fue tomando forma y se hizo palpable en el entusiasmo de quienes pasan las clases cada año, según comparte Ruiz. “Los adultos mayores tienen muchas ganas de descubrir nuevas experiencias y, como no tienen nada que perder, se lanzan al éxito y ríen, bailan, hacen caras, gestos, muecas y se mueven. Ponen en acción su memoria, su creatividad, su valentía y se reinventan, descubren facetas maravillosas de sí mismos”.

Este año UNI3 cumple 32 años de formación ininterrumpida en Educación Permanente No Formal de Adultos Mayores, formando parte de la RUA (Red Interamericana de Universidades Abiertas), junto con instituciones de Argentina, Perú, México, Uruguay y Venezuela.
Quienes forman parte de esta experiencia tienen bagajes y formaciones distintas, pero un disparador en común es el cuidado de sí mismos. “Llegar a UNI3 les permite recrearse, interactuar con otras personas, construir una comunidad, generar nuevas amistades y cuidar su propio cuerpo y sus emociones, seguir activos”, señala Ruiz. “Veo que se alegran, se divierten, se descubren a sí mismas. Hablo más en femenino porque la mayoría son mujeres, pero también tenemos algunos hombres. Se ríen de mí, de las demás, de sí mismas, y eso es algo maravilloso. Poder reírnos de nosotros mismos es una forma de sanar”.
Cuando la pandemia del COVID-19 cerraba las puertas físicas de la universidad, abría la posibilidad de que los mayores se relacionen aún más con la tecnología, expandiendo la formación y desafiando sus habilidades. Tanto la gestión anterior como esta se ven marcadas por los retos de lo digital o por los desafíos de vivir la distancia y el trabajo en comunidad.

UNI3 plantea un desafío a la sociedad. “No se trata de ser condescendientes, sino de entender ese proceso degenerativo de la vejez con cariño y paciencia. No siempre es fácil, por supuesto, pero hay que intentarlo. Creo que si pensamos en el bienestar de nuestros mayores, nuestro desarrollo social colectivo sería mejor”.
En 1989, Martínez gestaba esta interpelación y lo hacía desde el lugar del asombro social para con los olvidados por la brecha generacional, aquellos que pueden vivir un aprendizaje significativo basado en la experiencia y en las emociones.
Ahora, el desafío de lo digital marca la pauta. Las inscripciones están abiertas para personas de todo el país, pues las clases serán virtuales. Para más información contactarse con el número 71725031.






