El teatro está atravesando —quizás— por su mejor momento: nuevos escenarios, elencos fijos y una savia nueva que pone feliz a esa inmensa minoría que goza(mos) con cada estreno. Los jueves que restan de agosto vuelve a escena (El Sótano, Centro Sinfónico, Ayacucho y Potosí, 366) El Perdón, un monólogo impresionante y estremecedor de Fernando Arze (primera parte de la Trilogía de la Libertad).
Una silla y 25 velas (y mucha oscuridad metafórica) son suficientes para que Arze logre sostener —sin moralinas condescendientes y con una potencia dramática poco habitual en nuestro teatro— un monólogo de una hora y veinte sobre la locura, el perdón, la tortura, la mentira y la muerte.
Arze (autor también del notable texto) cambia las velas, murmura, camina, grita, se agita, llora, se ríe como esquizofrénico, se calla, come chocolate (el mejor remedio para la depresión) y se acelera en un tour de force actoral que fascina, emociona y asusta. El espectador es molestado constantemente y debe cerrar la obra con su “diagnóstico” escrito en su cuadernito: “los perdonarías, ¿si o no?”.
El Perdón es la carta de presentación de una trilogía que va camino de ser la mejor noticia en el mejor momento —quizás— del teatro boliviano.
Ricardo Bajo H. es periodista






