El presidente de Bolívar, Guido Loayza y Cachín Antezana estudiaron Ingeniería en La Plata. Veían cine francés, jugaban al ajedrez (su vicio) e iban a la cancha. Loayza se hizo hincha del “pincharrata” (Estudiantes) y Cachín, de El Nene Sanfilippo que goleaba en San Lorenzo. De literatura y fútbol, se habló en la feria el sábado (junto a Marcelo Villena también).
Cachín recomendó varios libros y citó a todos los grandes escritores que no desdeñaron la pelota, el mejor invento. Entre los aconsejados estuvieron: Salvajes y sentimentales (relatos del madridista Javier Marías); Épica y lírica del fútbol, de Julián García Candau (antología poética); los dos volúmenes de cuentos recopilados por Jorge Valdano; la novela Fiebre en las gradas, de Nick Hornby; y por supuesto el mejor relato de fútbol (Cachín dixit) 19 de diciembre de 1971 (de Fontanarrosa): la historia trágica y linda del viejo “canalla” Casale que murió como sueña todo hincha.
Garrincha, Zitarrosa, Vinicius, Ricardo Jaimes Freyre (un stronguista de corazón) y otros tantos pasearon por la charla que se cerró con una joya de Cachín parafraseando a un alemán: “cuando ya me haya olvidado del último poema de Tamayo, no me olvidaré nunca de la delantera de Bolivia en el 63”.






