Durante la semana que termina, en la sede de gobierno se llevó a cabo el Día de la Literatura y las Letras Paceñas. Este evento, que contó con la participación de 23 organizaciones, sirvió no solo para promover la presentación de libros publicados en el país, sino también para dar a conocer algunas particularidades de los escritores paceños más sobresalientes, como reliquias o retratos. El día de la clausura, ayer, también sirvió de excusa para alimentar la creatividad y el interés de los participantes, con la lectura de poemas, la presentación de cuentacuentos y la interpretación de danzas y músicas variadas.
Eventos como este son sin duda dignos de destacar, pues buscan promover entre los niños y los adolescentes el sano “vicio” de la lectura con actividades lúdicas y las cualidades de los propios libros. Y es que al tratar de iniciar a alguien en la lectura, lo peor es anteponer entre el lector y el libro algún aburrido propósito pedagógico. En efecto, un buen libro solo es capaz de enseñar si primero gusta. Si no conmueve, si no hace reír, toda enseñanza, toda pedagogía serán inútiles, pues nadie llega a la última página de un texto al que considera fastidioso. Como bien decía Jorge Luis Borges, “la idea de la lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría de hablar de felicidad obligatoria”.






