La ciudad de Río de Janeiro y el estadio Maracaná fueron cubiertas por una marea albiceleste, por un ejército de aficionados que no pararon de gritar y apoyar el estreno del seleccionado de Argentina ayer ante Bosnia-Herzegovina.
El metro, principal forma de acceso al estadio, dejó de ser un mero medio de transporte para convertirse en una verdadera fiesta. Los aficionados con camisetas de la selección argentina o de los clubes de su país, no escondieron su euforia.
El domingo en Río de Janeiro fue espléndido. El termómetro marcó 26 grados centígrados. Eso animó a los argentinos a que conquistaran también la playa de Copacabana, donde ya el sábado se concentraron varios centenares para desfilar en pelotón hacia el hotel donde descansaron Messi y compañía.
El alcohol jugó un papel fundamental en la previa del cotejo. El vaso de cerveza, medio vacío, en la mano fue parte del equipamiento de los aficionados, lo que les hizo ser aún optimistas desde su estreno en el Maracaná, el mismo escenario que los argentinos quieren conquistar el 13 de julio, día de la final. Y si es contra Brasil, mejor.
Las formas de animar a Argentina son diversas y muy originales: camisetas con un Cristo Redentor que tiene cara de Messi, disfraces y dobles de Maradona, Ronaldo, referencias al papa Francisco… en las tribunas hubo y se vio mucho de todo.
En la tribuna el grito al unísono fue: “Somos locales otra vez” y tampoco faltaron “Volveremos, volveremos…” y “El que no salta es un inglés”.
Ayer el Maracaná perteneció por algunas horas a Argentina. Fue albiceleste. Los gritos sonaron atronadores. La selección jugó como en si estuviera en “El Monumental” o en “La Bombonera”, aunque es Río de Janeiro.
Mucha gente, igual sin entrada
Al fan fest
Una parte considerable de los hinchas argentinos llegó a Río sin entradas y optó por el Fan Fest.
Repleto
Albicelestes llenaron toda la playa de Copacabana antes y durante el cotejo.
El valor de dar el primer paso
Óscar Dorado Vega
Periodista, corresponsal en bolivia de foxsports
Argentina rescatará, por sobre todo, la victoria. Y lo que mostró en buena parte del segundo tiempo. Desde luego el gol de Messi (al estilo de los que hace en el Barcelona) y poquito más…
Estuvo bastante lejos de ser un debut brillante y pese a que el autogol de Kolasinac facilitó la misión —con todo lo que eso significa— su primer lapso solo dio para una calificación paupérrima. Es más: Bosnia, a fuerza de un juego previsible, de líneas dotadas de movimientos casi mecánicos, obligó al menos dos veces a que el arquero Romero se exigiera. Durante ese periodo, Messi, esencialmente él, Agüero y Di María casi no aparecieron. Estaban desconectados, aislados. Navegaban en la intrascendencia.
Los ingresos que Sabella operó para el complemento gravitaron. Gago e Higuaín le otorgaron otra tónica a un sistema que, al margen, pasó al 4-4-2, después del improductivo inicio.
No obstante, la selección albiceleste se quedó sin resto físico y acabo padeciendo el descuento de Ibisevic.
Del estreno se recordará la impresionante presencia de la hinchada (pareció un cotejo desarrollado en Buenos Aires debido al marco en las tribunas) y la urgente necesidad de mejora por parte de uno de los llamados a ser protagonista. Tantas dudas siembran signos de interrogación de cara al futuro. Por ahí la fase de grupos la supera sin mayores dolores de cabeza, pero en octavos la historia, sin duda, será distinta.
Argentina dispone de futbolistas de sobra para avalar sus aspiraciones. El problema es que el equipo como tal no termina de serlo.






