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Apoyo crítico al proceso de cambio

En la oposición se puede distinguir una derecha representada por Jorge Tuto Quiroga, un centro por Samuel Doria Medina, y una izquierda por Juan del Granado, todos demócratas conservadores, muy lejos de planteamientos estructurales.

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Por Danilo Paz Ballivián
/ julio 20, 2014
en Animal Político

Nos encontramos a escasos meses de una elección general muy particular en la que se definirán la presidencia, la vicepresidencia y la representación parlamentaria de toda Bolivia, pero sobre todo la continuidad del proceso de cambio o su sustitución. En el paradigma de Carlos Montenegro estamos otra vez frente al dilema de “Nacionalismo o Coloniaje”.

Sin embargo, los procesos mismos encierran tendencias de revolución y contrarrevolución. Por ejemplo, en la etapa de la Revolución Nacional (1952-1964), al mismo tiempo que se creaba la Comibol (Corporación Minera de Bolivia) se desarrolló la minería mediana; se distribuía tierra a los campesinos del área tradicional y se consolidaban grandes propiedades en el oriente boliviano; se potenciaba YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) y se gestionaba inversiones extranjeras de transnacionales del petróleo. Nada es absoluto, pero como diría Sergio Almaraz: “A partir de un punto la revolución está perdida”, para el caso de la Revolución Nacional fue la concesión monopólica del petróleo boliviano a la Gulf Oil Company.

El proceso de cambio que vivimos, de 2006 a la actualidad, tiene en su haber la nacionalización del gas, que permitió cuadriplicar los ingresos por concepto de impuesto a los hidrocarburos de las transnacionales, redistribuir los ingresos a la base ancha de la población mediante bonos y subsidios, procurar una infraestructura caminera siempre deficitaria, desarrollar la base material de los sistemas de salud y educación, más recientemente fortalece los programas productivos agropecuario campesinos, básicamente programas de riego, semilla mejorada, mecanización y créditos de fomento a las organizaciones campesinas tendentes a la soberanía alimentaria. Sin embargo, el logro más importante es haber empezado el largo proceso del cambio de una mentalidad colonial, discriminadora, alienante, dependiente, paternalista y prebendalista, para que en un futuro tengamos un boliviano orgulloso de sí mismo, seguro de producir lo que consumimos, digno en su diversidad, patriota indoblegable con una “Consciencia Nacional” de la que hablaba Franz Tamayo, base sobre la cual se puede construir todo: la exploración y explotación del gas, la petroquímica, la explotación e industrialización del litio, la explotación e industrialización del hierro y otros minerales, la producción hidroeléctrica, la industria liviana, la manufactura, la pequeña producción campesina y la agroindustria. Tal vez como nunca los precios de las materias primas se mantienen relativamente altos y el apoyo de los sectores populares organizados (mediando sus reivindicaciones de clase) se mantiene por más de ocho años, caracterizando la coyuntura actual, es decir, donde las condiciones objetivas y subjetivas para el cambio están dadas.

TAREAS. Ciertamente, aspectos estructurales que redistribuyan la tierra de los nuevos latifundios improductivos que han vuelto a surgir después de 60 años de Reforma Agraria, programas de colonización de pequeños productores que pueblen áreas con vocación agropecuaria y forestal, sobre todo fronterizas. El desarrollo de la pequeña y mediana industria manufacturera que sustituya la importación y contrabando de la ropa usada y cree nichos de exportación en el exterior. La transformación de las denominadas cooperativas mineras en verdaderas empresas formales de explotación y producción de minerales. La modernización del transporte de trabajadores por cuenta propia hacia un transporte masivo sustentable. Eliminación del contrabando y economía de escala que crea, de la cual depende gran parte del pequeño comercio y pueblos fronterizos. Ruptura del monocultivo de la coca en zonas del subtrópico boliviano son tareas complejas y de lenta maduración. Todas estas son tareas de Estado y no de Gobierno, que por lo demás, en la presente coyuntura electoral es peligroso plantear, ya que se pone en riesgo al propio proceso de cambio, que es un patrimonio nacional. De cualquier forma, y para eso está la política y el gobierno, no se puede perder de vista que sin la resolución de estos aspectos estructurales no se podrá cambiar el modelo de país exportador de materias primas e importador de productos acabados.

Dentro de la oposición al proceso de cambio tal vez se pueda distinguir una derecha representada por Jorge Tuto Quiroga, un centro por Samuel Doria Medina, y una izquierda por Juan del Granado, todos ellos demócratas conservadores, muy lejos de los planteamientos estructurales, con un discurso de democracia formal y un planteamiento económico desarrollista y de inversión privada extranjera, como si de donde vienen nuestros males podrían venir nuestros remedios.

Por su parte, el Gobierno en su programa 2015-2020 se traza metas más que objetivos; en efecto, al 2020 plantea erradicar la extrema pobreza en 100 de los 339 municipios del país; cobertura de agua del 100% en el área urbana y del 90% en el área rural; una cobertura total de energía eléctrica hasta 2025; construcción de 4 hospitales de cuarto nivel, 10 de tercero y 30 de segundo; ampliación de horas escolares de 4 a 6; construcción de tres estadios con capacidad para 60.000 espectadores, construcción de 83.300 viviendas y mejoramiento de 125.000; instalación de centros de investigación e innovación tecnológica; creación de 2.500 empleos para graduados con excelencia; aumento de la renta petrolera a los 8.000 millones de dólares; acabar con la importación de gasolina; instalación de nuevas plantas petroquímicas de refinación de zinc, explotación del hierro y el litio, lograr la producción de 1.000 mega watts para la exportación, un programa de energía nuclear pacífica, industrialización estatal de medicamentos, instalación de 2 industrializadoras de pescado estatales, aumento de 165.000 hectáreas con riego hasta el 2020; integración vial, férrea y aérea, esta última con la construcción de nuevos aeropuertos; tratamiento, transformación y uso de residuos sólidos y aguas servidas; pago estatal de bonos y rentas; recursos de IDH (Impuesto Directo a los Hidrocarburos) para las Fuerzas Armadas para proteger la soberanía y combatir el contrabando; referendos para la renovación de la justicia, y reconocimiento por la ONU de los valores de ama sua, ama khella, ama llulla. (periódico Los Tiempos, Cochabamba, 29 de junio de 2014).

MEDIDAS. La historia no se repite pero enseña, y el pueblo boliviano distingue con toda claridad entre los gobiernos dispuestos al cambio y los conservadores, pero también conoce que en las sociedades como la nuestra, donde la sociedad civil es más fuerte que el Estado, son las organizaciones y movimientos sociales los que imponen en última instancia las transformaciones sociales y económicas, esto ocurrió con la Nacionalización de las Minas, la Reforma Agraria, la nueva nacionalización del gas, la actual redistribución de ingresos de base ancha y la lucha contra la discriminación; sin embargo, una conciencia nacional productiva que pasa por el desarrollo de los sectores de la agricultura y la industria (únicos que crean valor) aún es débil, tanto en la esfera del Estado como en la de las organizaciones sociales. En la actual coyuntura, el pueblo boliviano está obligado a atender las necesidades más sentidas de salud, educación, vivienda, transporte, energía, entre otros, pero nunca perder de vista que la matriz exportadora de materias primas solo puede ser rota mediante el fortalecimiento y creación de una industria nacional y a través del desa- rrollo moderno de la producción agraria de la pequeña unidad familiar campesina, la mediana y la gran producción agroindustrial. Esto y no otra cosa es sembrar el gas para las generaciones actuales y futuras, romper con la dependencia, construir un país libre y soberano a partir de lo que tenemos: el gobierno del proceso de cambio que no puede sino avanzar, porque en política no existe intermedios, o se profundiza el proceso o se retrocede al coloniaje.

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