La Tierra tiene fecha de colapso: 2025, estimada por 22 científicos del mundo y dada a conocer en la prestigiosa revista Nature. Para entonces, los humanos, nosotros, “habremos destruido el 50% de los hábitats naturales mundiales. Y en 2045, el 55% (ahora vamos por el 43%)”. Los científicos advierten de que “la Tierra se aproxima a un colapso inminente e irreversible, producto del impacto humano que puede llevarla a un ‘nuevo régimen’ para el cual no estamos preparados (…) Somos muchos y consumimos demasiados recursos. La tasa de crecimiento anual de la población es de 77 millones, casi mil veces superior a la experimentada hace entre 10.000 y 400 años. Hemos alterado el paisaje gravemente y emitimos a la atmósfera cantidades ingentes de CO2.”
En ocasión del 204 aniversario del cabildo cruceño que adhirió a la independencia americana, el Vicepresidente de Bolivia y el Alcalde de Santa Cruz de la Sierra dieron sendos anuncios de inversión, obras y servicios. García Linera, enfocado en la macroeconomía regional, expuso el desafío de convertir a Santa Cruz en centro continental de comunicaciones, energía eléctrica y producción de alimentos. Fernández, por su parte, enfatizó sobre la dramática conclusión del Informe Mundial de Desarrollo Humano 2014 de la ONU, que llama a “un consenso internacional sobre la protección social universal”, insistiendo en la “dramática desigualdad”, causante de “severas presiones sobre las estructuras sociales” y la desaceleración del aumento de los índices de desarrollo humano en todas las regiones del mundo en el quinquenio 2008/2013, enunciando luego la inversión de su gestión para achicar esa brecha en educación, salud y atención a los sectores más vulnerables de la población.
El panorama podría ser esperanzador si se invirtiera capacidad, experiencia y voluntad política en una sinergia destinada a revertir hábitos y promoción destructivos de consumo de bienes materiales prescindibles, en la creación e impulso de empresas mixtas de desa- rrollo de servicios públicos de transporte urbano e interprovincial, de agroecología y de urbanización planificada de poblaciones y localidades que son diamantes en bruto en todo el territorio regional.
Ambos niveles de gobierno coinciden en la preocupación por el abastecimiento de agua, alimentos, educación y salud. Sin embargo, ante la insaciable depredación de parques nacionales y otras zonas naturalmente ricas en bosques, pampas, selvas y campos productivos (como el Amboró y el Urubó), el desentendimiento social y oficial repercutirá en la calidad de vida que dicen proteger o mejorar.
Ahí está 2025, a solo diez años de distancia; y, como advierten los científicos del mundo, hoy es el día límite para frenar el suicidio colectivo, si es que aún no es tarde para reparar el daño infringido al planeta.






