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1904: el diario del lunes

El Tratado de 1904 fue  la única salida. Chile colocó a Bolivia en un callejón sin salida y con la amenaza militar le obligó   a firmar el acuerdo. Sin embargo, el Congreso  boliviano, en sesiones reservadas, no votó el tratado por unanimidad. Es más, ni siquiera lo hizo con los dos tercios que tenía el republicanismo.

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Por Mario Espinoza
/ octubre 19, 2014
en Animal Político

Los periodistas argentinos han bautizado como “diario del lunes” al análisis que se hace del deporte, especialmente en el fútbol, cuando las cosas han pasado y se conoce el resultado, se han repetido las  jugadas una y mil veces, y con esa ventaja, tener la comodidad de ensayar la crítica a los protagonistas, especialmente a los árbitros.

Este 20 de octubre se recordarán los 110 años de la firma del Tratado de Paz y Amistad suscrito entre Bolivia y Chile, y que privó a nuestro país de una salida al mar y que no volvió a mostrar ni paz ni amistad entre las dos naciones. Era según este Tratado, el cumplimiento al artículo octavo del Pacto de Tregua del 4 de Abril de 1884, firmado entre Emilio Bello Codesido, Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, y Alberto Gutiérrez, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Chile.

Los chilenos argumentan que este Tratado fue firmado 24 años después de concluida  la guerra y sin presiones. Falso.  El departamento del Litoral estaba ocupado por  tropas chilenas y los gobiernos de ese país habían trasladado miles de  sus ciudadanos a los puertos bolivianos y a Chuquicamata.

Pero la firma de este Tratado no está al margen de la política y de la ideología. Quienes  se encontraban en  ejercicio del gobierno en 1904 eran los liberales. El liberalismo tiene que ver en política con los conceptos  básicos de un sistema filosófico, económico y político que promueve las libertades civiles y se opone a cualquier forma de despotismo, apelando a los principios republicanos; y en lo económico es el pensamiento que destaca la libertad de actuación de la iniciativa privada.

Bajo estos conceptos, se asegura que la responsabilidad histórica de los gobiernos liberales que actuaron en este tema es muy grande. Que la mentalidad empresarial mezquina, sin un concepto mínimo de responsabilidad histórica de largo plazo, marcó una de las decisiones más desastrosas de política internacional boliviana, cuyas consecuencias vivieron todos los gobiernos posteriores que intentaron una negociación con Chile para reivindicar el territorio usurpado.

Pero ese es el “diario del lunes”. No hay duda de que los gobiernos tienen responsabilidad en sus actos  y la del Tratado de 1904 debe considerar a dos gobiernos: José Manuel  Pando e Ismael  Montes. El negociador confidencial de Pando fue Félix Avelino Aramayo, que en 1902 se reunió con el presidente de Chile Germán Riesco para proponer una cesión de soberanía a cambio de una compensación importante. En este contexto, hay que recordar quién era Aramayo: el despegue de la minería boliviana durante el siglo XIX está directamente vinculado con su nombre, pues una de sus grandes obsesiones personales fue, precisamente, su modernización. Dicen sus biógrafos que Aramayo fue un visionario, pues pudo prever con claridad las enormes ventajas económicas de la explotación de las minas de estaño, por lo que impulsó su unión por ferrocarril con los puertos del Pacífico y mientras sus detractores aseguran que desde su óptica empresarial, el Tratado lo favorecía, sus panegiristas dicen que se opuso a la firma de este documento con Chile.

La negociación se reanudó en 1904 con el embajador de Ismael Montes, Alberto Gutiérrez, cuya decisión por lograr un acuerdo era tan definitiva como exagerada. En esas circunstancias, para Chile no fue difícil obtener el acuerdo que le era aún más favorable a sus intereses que la propuesta boliviana de 1902. Adicionalmente y, a pesar de la oposición del ministro de Relaciones Exteriores, Claudio Pinilla, Gutiérrez  firmó un acta secreta en la que Bolivia se comprometía a apoyar a Chile para que se quedase a perpetuidad con los puertos de Tacna y Arica a cambio de un abstracto apoyo chileno en eventuales conflictos limítrofes de Bolivia. Afortunadamente, esta acta nunca se puso a consideración del Congreso boliviano.

El Tratado de 1904 fue en ese momento la única salida. Chile colocó a Bolivia en un callejón sin salida y con la amenaza militar obligó a los bolivianos a firmar el acuerdo. Sin embargo, el Congreso boliviano, en sesiones reservadas, no votó el Tratado por unanimidad. Es más, ni siquiera lo hizo con los dos tercios que ostentaba en ese entonces el republicanismo.

En este caso los nombres de quienes votaron en contra y a favor son imprescindibles: en el Senado solo cinco votaron a favor del Tratado: Enrique Collazos, Flavio López, José Félix Camacho, José Carrasco y Macario Pinilla. En contra: Daniel Salamanca, Eduardo Delgadillo, Guillermo Cainzo, José María Camacho, Miguel Ramírez, Pastor Sainz, Pablo E. Roca, Pedro Ignacio Cortés, Primo Arrieta y Tomás O’Connor D’Arlach. En cambio en la Cámara de Diputados, 37 aprobaron y 20 rechazaron el Tratado que a la postre es el que Chile actualmente insiste con falacias, que Bolivia quiere su revisión.

Muchas preguntas se han hecho desde entonces, especialmente desde el punto de vista político. ¿Se podía haber hecho otra cosa? ¿Los gobiernos liberales actuaron en torno a los intereses de Bolivia o pensaron en sus propios intereses?  Las respuestas se han acomodado en su tiempo: la prensa de la época, manejada por el poder económico, habla de la paz y la amistad entre dos pueblos.

El monumental libro del Centenario de la República, editado bajo la presidencia de Bautista Saavedra en 1925  y con más de 1.200 páginas, le dedica al Tratado dos líneas sin referirse a lo específico: “En virtud de los tratados con el Brasil y con Chile, se construyeron los ferrocarriles Madera-Mamoré y el de Arica a La Paz”, destacando que el de Ismael Montes “…fue uno de los más fecundos en iniciativas y progresos reales”.

Pero los partidos con tendencia izquierdista han criticado la actitud de los congresistas y autoridades del poder ejecutivo de la época. Aseguran que la actuación de los congresistas del momento, los dos tercios del Congreso, la personalidad de los líderes como Pando y Montes, pero sobre todo  la idea de que los liberales pensaron más en su propio bie-nestar que en el de la nación, nos lleva otra vez a la lectura del “diario del lunes” que ha tenido el común denominador de criticar desde la política lo que  fue y aún es,  un tema muy delicado del ámbito internacional.

Es, en todo caso, un tema superado en la actualidad. Todos, con algunos matices, han apoyado la iniciativa del gobierno de Evo Morales de hacer las cosas como se las está haciendo. Las voces que aseguran que un triunfo boliviano será el de Evo Morales y que un eventual fracaso tendrá en Carlos Mesa y Eduardo Rodríguez los chivos expiatorios, es solo la mirada miope de un momento histórico, por ahí, el más firme y sereno de los últimos 110 años, más allá del circunstancial gobierno del MAS.

en tendencia: diarioLunes

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