La suerte del último oso polar de Argentina, de 29 años y 400 kilos, fue durante meses objeto de una polémica con agrupaciones y civiles que cuestionaban las condiciones de vida del animal, en especial porque se trata de una especie habituada a muy bajas temperaturas y en Mendoza debe soportar temperaturas de entre 35 y 40ºC.
Al final se decidió que el animal se quede en el país porque rechazan anestesiarlo para su traslado a Canadá y por el buen estado de salud que presenta.






