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Desafíos compartidos

En la primera sesión parlamentaria existieron tenues señales de que algunos colegas opositores habían dejado atrás la enmienda a la totalidad de lo hecho. Espero no equivocarme, ahí es posible hacer efectiva  la colaboración en temas que pueden ser tratados como políticas de Estado.

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Por Manuel Canelas
/ febrero 1, 2015
en Animal Político

En una conversación pública, hace varios meses, con Fernando Mayorga, éste recordaba algo en apariencia obvio pero que, si de hacer política se trata, resulta ineludible: no olvidar el principio de realidad. Dicho de otro modo, en política, y en la vida —si me apuran—, no basta con estar muy convencido de lo que uno piensa, resulta necesario contrastar esto con lo que acontece, con lo que piensan los demás, con lo que escriben otros que no sea uno mismo. Siempre es una posibilidad no guiarse por este principio y quedarse ensimismado en un convencimiento impermeable a lo que la realidad, de múltiples maneras, manifiesta. Ahora bien, el resultado de este camino suele ser poco satisfactorio: ya decía Ortega que el esfuerzo inútil conduce a la melancolía.

No confundir deseos con realidad suele ser una señal de madurez, además que, entre otras cosas, ayuda a ser algo más certeros con las predicciones. En lo que se refiere al campo político nacional propiamente, no son pocos los actores que dedican esfuerzos (dignos de mejor suerte) a tratar de ajustar lo que en la calle sucede a sus caducos anteojos. Antes de las últimas elecciones generales, destacados intelectuales críticos con el actual Gobierno, ajenos al sentir de la voluntad popular, especulaban con la victoria del MSM (Movimiento Sin Miedo) ante el MAS (Movimiento Al Socialismo) en una hipotética segunda vuelta; otros, lectores agudos de señales que solo ellos percibían, argumentaban que sus encuestas privadas —con caseritas y conductores de trufi— les adelantaban un catastrófico resultado para el proyecto encabezado por el presidente Evo Morales. El MSM, como todos sabemos, no alcanzó el 3% de votación mínima necesaria para la supervivencia de su sigla; y parece que la muestra de caseritas y trufistas presentaba un margen de error significativo.

El presidente Evo, en su discurso de posesión del pasado 22 de enero, invitó a los actores políticos de oposición a participar preparando proyectos de ley: “Que vengan propuestas para seguir reduciendo la pobreza, propuestas de economía, bienvenidos porque somos hermanos, somos hermanas de una patria”. Lo claro de este mensaje es que nunca son suficientes los hombros para trabajar en la mejora de las condiciones de vida de nuestro país. Y lo cierto es que mucho se ha hecho estos nueve años; se han llevado a cabo tareas históricamente pendientes y el resultado, en opinión de la gran mayoría de los bolivianos, es satisfactorio. Sin embargo, nunca van a sobrar las propuestas que tengan como norte mejores resultados en objetivos tales como reducir la pobreza, acortar la brecha de desigualdad o profundizar la lucha contra la discriminación, por citar algunos de los desafíos más importantes. Ahora bien, la condición primera para que, al menos al principio, la discusión de estas propuestas con los colegas de la oposición no encalle es reconocer la realidad en la que vivimos y, dato no menor, tener en cuenta que los bolivianos, una vez más, han expresado con claridad cuál es la mejor hoja de ruta, cuál el mejor programa de gobierno, para seguir construyendo un país mejor.

Esto no significa, por supuesto, que haya que jurar al MAS antes de hacer una propuesta de ley; basta un cierto aprecio por el principio de realidad que se manifiesta, entre otras maneras, en un sostenido apoyo popular al proyecto del MAS: desde las numerosas citas electorales hasta diversos barómetros que miden la satisfacción con la vida y el futuro, son inequívocos en los resultados que han arrojado.  Y aquí no existe ningún fetichismo por el momento electoral (a pesar de que éste supere el 60% de voto favorable a nueve años de gestión) pero cuando los colegas de la oposición decidan presentar sus propuestas no pueden sustraerse a esta situación, al menos si lo que buscan es, en ciertos temas, un trabajo coordinado. Eso no quita que, de manera genuina, sigan trabajando por la Bolivia que muchos de ellos quieren, pero que seduce y convence a cada vez menos compatriotas.

En la primera sesión parlamentaria que tuvimos hace pocos días, existieron tenues señales que indicaban que algunos colegas de la oposición habían dejado atrás la enmienda a la totalidad que planteaban a lo hecho hasta ahora. Espero no equivocarme, pero creo que ahí es posible encontrar maneras de hacer efectiva la convocatoria del presidente Evo Morales y colaborar en ciertos temas que bien pueden ser tratados como políticas de Estado. Una oposición honesta en su crítica y leal en ciertos temas que se consideran cruciales para la mayoría es necesaria para generar incentivos que, en algunas ocasiones, no pueden observarse con facilidad desde el diario ejercicio de gobierno. Por supuesto, no fueron escasos los diputados opositores que, sin rubor alguno, hablaban en nombre de la mayoría (aunque su partido no contara ni  con el 10% de respaldo popular en la pasada elección) o apuntaban casi como una anécdota, como un estorbo en su ensimismamiento, que Evo repita la presidencia por la voluntad expresada en las urnas. Estos colegas tienen una especie de manual opositor, con pocas páginas y aún menos palabras: populismo, clientelismo, totalitarismo,…

Armando Ortuño, con la inteligencia que lo caracteriza, ha escrito hace poco que la hegemonía del MAS no se puede explicar satisfactoriamente desde nociones poco consistentes como las que apuntamos arriba: “(…) la cristalización de una identidad política ‘masista’ o ‘evista’ que difícilmente puede ser simplificada como una expresión de un malestar coyuntural, de meras transacciones clientelares o del despiste o ‘irracionalidad’ de las masas populares. La resiliencia de estos indicadores a las difíciles coyunturas que han jalonado la gestión del presidente Morales en estos nueve años, nos habla no solo de su vitalidad, sino de su fuerte penetración en las estructuras sociales y las subjetividades de buena parte de los bolivianos”.

Proust escribió que hay convicciones que crean evidencias. Los colegas de la oposición tienen delante de sí dos caminos: continuar predicando desde un escenario cada vez más abandonado y con su eco como única respuesta; o apostar por reconocer los logros conseguidos, siempre insuficientes, y desde ahí participar, sin apego a viejos manuales, de los debates y proyectos que vayan materializando un mejor destino para Bolivia.

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