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Entre el poder dual y la escuela de cuadros

Durante la corta vida de la Asamblea Popular, de junio a agosto de 1971, el debate sobre sí misma se centró entre ser un poder dual junto a los militares o ser una escuela de formación de gobernantes proletarios.

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Por Ricardo Aguilar Agramont es periodista de La Razón
/ febrero 15, 2015
en Animal Político

La corta vida de la Asamblea Popular (AP) durante el gobierno de Juan José Torres estuvo inmersa en el debate de qué debía ser: un Poder Legislativo, una instancia meramente fiscalizadora, solo la guardia de la revolución o una escuela de gobernantes proletarios del futuro país socialista a que se proponía llegar.

Tales son las propuestas que se debatían en esos meses que este intento de una democracia y gobierno obrero estuvo cerca de ser un cambio revolucionario mayor. El ensayo —se puede decir— nunca pudo caminar pues si bien tuvo sus bases aprobadas el 12 de febrero de 1971, solo sesionó efectivamente desde el 22 de junio y fue abruptamente interrumpido por el golpe de Estado de Hugo Banzer el 21 de agosto.

Debates de una índole similar han atravesado la historia política del país, como por ejemplo la polémica de qué debió o debe ser la clase obrera (problemática actual incluso después de que los dirigentes de la Central Obrera Boliviana, COB, vieron por conveniente dejar de lado el principio de la independencia sindical), o también cuál debe ser el papel de los sectores sociales orgánicos al Movimiento Al Socialismo (MAS).

VISIONES. Sea como fuere la discusión de hoy, el debate sobre el rol de la Asamblea Popular giró en torno a dos propuestas: la del Partido Obrero Revolucionario (POR), que planteaba el poder dual con los militares progresistas; y la del Partido Comunista de Bolivia (PCB), que proponía que la AP sea una escuela de los futuros gobernantes proletarios.

Los partidos políticos, en los meses en que el Comité Político de la COB propuso las bases para la AP, no tenían representación sino de manera indirecta, es decir, a través de los sindicatos en los cuales tenían influencia, explica Remberto Cárdenas, que en ese tiempo era secretario de la Asamblea Popular de Santa Cruz.

“Los actores de la Asamblea eran los sindicatos, por lo menos en lo formal, y detrás de los sindicatos estaban los partidos manifestando sus ideas. Los partidos ocultaban su presencia, a excepción del POR”.

Esto da razón de que sean el POR (sus tres vertientes) y el PCB (con dos siglas reconocidas por la AP) los conductores de los dos polos del debate de la razón de ser de la Asamblea.

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) (aunque éste de manera indirecta) también tenían representación. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) inicialmente fue admitido en la AP por su influencia en los sindicatos ferroviarios, a pesar de la protesta de Torres y del POR. El MNR fue expulsado rápidamente al descubrirse que estaba en colusión con el golpismo banzerista.

¿Qué debía ser la AP?

“Se decía que la Asamblea debía ser mucho más que el control obrero de los tiempos del MNR”, recuerda Cárdenas.

El 1 de mayo, el presidente Torres aprobó el funcionamiento de la AP, cuyo nivel nacional funcionaría diez días después en el Palacio Legislativo (hoy Senado), sin embargo, las sesiones solo se iniciarían el 22 de junio.

Ese retraso, interpreta Cárdenas, se debió a las contradicciones. “Hubo acuerdo unánime de que exista la asamblea, pero las discrepancias fueron sobre todo en lo que debía ser la Asamblea del Pueblo”.

La línea que proponía el POR era que la AP debía ser el polo de un poder dual compartido con el Ejecutivo, como sucedía en los soviets en la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). El PCB, que era el contradictor principal del POR, creía que la AP debía convertirse en una escuela de formación de los futuros gobernantes, describe Cárdenas.

Una variación de ambas posiciones era la del MIR —que daba sus primeros pasos después de dejar su primera sigla: Partido Demócrata Cristiano Revolucionario (PDCR). “Ellos recogían planteamientos del POR y del PC”, destaca Cárdenas.

PODER. Finalmente, la Asamblea se proclamó como poder dual cuando se enfrentaba con el gobierno de Torres, “pero resulta que ese poder dual solo utilizó el Parlamento tras pedir permiso al Gobierno. Entonces se ve que en los hechos no era un poder, aunque Guillermo Lora (POR) decía que por las ideas, principios y bases del programa, la Asamblea ya era de por sí un poder dual, si bien tenía aún que ser constituido”.

El PC, en cambio, si bien usaba otra noción, también la sacaba del ejemplo del sindicalismo soviético: la escuela del comunismo, de la administración de la nueva sociedad socialista.

“En cierto modo copiaron los puntos de vista de los revolucionarios soviéticos, si bien la Asamblea tuvo sus características propias por deficiencia”, como por ejemplo ser un “poder” que nunca tuvo un brazo militar, sino en consigna. De hecho, Filemón Escóbar era secretario de Milicias Armadas de una Asamblea Popular sin armas, como se pudo probar el día en que no se pudo rechazar a las fuerzas golpistas de Banzer.

Esta deficiencia no fue culpa de determinadas personas sino que se debió a la falta de capacidad bélica. “No hubo ninguna capacidad militar, ni siqueira en ciernes, los únicos que tenían cierta organización en ese sentido eran los del ELN”.

El argumento del poder dual “se basaba en la experiencia del control obrero, pero fracasó porque los trabajadores eran minoría, pues Lechín no aceptó menos del 51% de los ministerios”.

Torres ofreció el cogobierno paritario (50%-50%) del Ejecutivo a los sindicatos afiliados a la COB. “En el ampliado de la COB se impuso el criterio de Lechín, quien pedía más del 50% de los ministerios o nada”.

“Ése fue un triunfo de los militares de derecha, que eran la mayoría de los que estaban en el gabinete de Torres como ministros”.

Los esencial para el fracaso de la AP, sin embargo, es que nunca pudo ser poder real, a pesar de proclamarse como tal.

A las discrepancias ideológicas se sumó que la AP nunca tuvo el tiempo suficiente para ser ese poder que quería, para dirigir al país hacia un horizonte socialista.

Según Cárdenas, el apoyo fue disminuyendo en la medida en que demostró que no tenía un poder real.

Cuando se inicia el golpe en Santa Cruz queda claro que ni Torres ni la Asamblea tienen la fuerza para rechazar militarmente a Banzer. Aunque también hay que decir que a pesar de las discrepancias entre las izquierdas, la resistencia al golpe es unánime con todas las limitaciones que tenían (aparte de los militantes del ELN, solo un par de cabezas de partidos de izquierda tenían armas).

Después del golpe, los exiliados salieron en su mayoría hacia Chile (donde gobernaba Salvador Allende). Se intentó dar continuidad a la AP con el Frente Revolucionario Antiimperialista, sin embargo, Allende también fue derrocado por el golpe  de Estado del 11 de septiembre de 1973 encabezado por Augusto Pinochet.

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