Una serie de atmósferas, de caminos, hay que atravesar en este primer disco de la banda Die Prallheit (“la tirantez”, en español), que titula a una de las canciones y también al trabajo discográfico. Su estructura asemeja a un laberinto de pasajes melancólicos —a veces sombríos, a veces esperanzados— en un homenaje a las palabras y al rock de las décadas de los años 60 y 70.
Este trabajo de Milan Gonzales tiene reminiscencias de sus proyectos iniciales en Bolivia —Femme (2001) y El cantar de los cantares (2005)— en los que interactuaba con la música electrónica. Sin embargo, en este proceso de evolución, que crece no solo a tres idiomas sino a nuevas formas de expresión, la intensidad del rock brinda muchas más posibilidades a la banda.
Son seis las canciones que incluye este primer trabajo, en el que no se requiere más que la fuerza de las guitarras y los acentos de la batería, apoyados en algunas canciones por las voces femeninas de Renata Morning, Valeria Germain y Sandra Gonzales, quienes inyectan mayor energía a los temas y contrastan con los graves de Gonzales.
Este disco tiene la capacidad de conmover a través de la lírica y de los paisaje evocadores que propone, logrando que una vez que se despejen las nubes, salga la luz.
Miguel Vargas es periodista.






