En 1936, la violencia política se había instalado en España como producto del cada vez más enconado duelo entre los partidos de izquierda (que estaban en el poder tras ser elegidos democráticamente) y la derecha (que había perdido las elecciones por estrecho margen).
El lenguaje poético con el que entrevistado y entrevistador se comunican parece camuflar el drama y la agitación que vive la sociedad en ese instante. Sin embargo, por momentos esa cruel realidad se cuela en la entrevista en la forma del “torrente de lágrimas que nos rodea” al que hace referencia Federico García Lorca (1898-1936) en un pasaje de este inspirado diálogo.
Luis Bagaría, un caricaturista e ilustrador reconocido en España y muy cercano al comunismo soviético, casi prescinde de la realidad —los temas políticos son tocados de forma muy periférica— para llevar a Lorca al terreno que más le gustaba: al del lenguaje elevado y al mismo tiempo juguetón. El poeta se presta gustoso al juego llegando, por momentos, incluso a intercambiar el papel de entrevistado con su interlocutor.
Un Lorca preocupado, que ya ha culminado la que será una de sus obras más reconocidas (La casa de Bernarda Alba), abandonará poco después de esta entrevista la convulsionada Madrid en busca de la tranquilidad de su Granada natal.
Pese a tener la posibilidad de exiliarse, este hombre, profundamente español, prefirió quedarse con los suyos, sin sospechar que la violencia y la ideología ya habían roto todo aquello en lo que él creía. Y así fue como emprendió su último viaje al encuentro de su trágico final.
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