James Munro Bertram era un neozelandés errante. Entre 1933 y 1935 se había dedicado a viajar por los lugares más efervescentes del planeta, como podían ser la Italia fascista, la Alemania de Adolf Hitler y la Unión Soviética regida por Iosif Stalin. Por eso parecía lógico que la siguiente escala de su viaje fuera la no menos convulsionada China. Llegó en enero de 1936 como periodista freelance con encargos para varios periódicos del Reino Unido, como The Times, The Manchester Guardian y New Statesman. Lo primero que hizo fue comenzar sus estudios de chino, lo que además le permitió conocer a jóvenes dirigentes del Partido Comunista de China, así como a periodistas e intelectuales que lo adentraron en la realidad del país.
En el segundo semestre de 1937 (1) logró entrevistar a Mao Tse-tung (1893-1976). Bertram encuentra al líder comunista en un momento clave de su vida política. El ejército de Mao aún se estaba recuperando de la llamada Larga Marcha (1934-1935). Así se le llama a la retirada que protagonizaron los comunistas después de una serie de derrotas ante las fuerzas republicanas comandadas por el general Chiang Kai-shek. El Ejército Rojo Chino inició una tortuosa marcha por el interior de China que le llevaría más de un año y diezmaría sus tropas. Pese a la calamidad, el protagonismo ejercido por Mao durante la retirada lo convierte en el líder de los comunistas, imponiéndose sobre la línea soviética del partido. Pero aunque su debilidad militar era evidente y el asedio de las tropas republicanas era intenso, el destino volvió a obrar en su favor: la invasión de Japón (7 de julio de 1937) determinó que comunistas y republicanos hicieran un alto en las hostilidades para afrontar la amenaza exterior.
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