El Papa presidió ayer el Vía Crucis en el Coliseo Romano e identificó en el calvario de Cristo a las sombras de la humanidad, desde quienes padecen penurias hasta quienes las provocan, como corruptos, terroristas o curas pederastas.
Francisco llegó en torno a las 21.00 locales (20.00 GMT) a la colina del Palatino y desde ahí asistió a la ceremonia sumido en un profundo recogimiento.
Fue al final de rito, cuando la cruz llegó desde el interior del Coliseo hasta su lado, cuando pronunció una oración en la que incidió en los problemas de la humanidad y en quienes las sufren o las provocan, tanto con sus actos como con su indiferencia.
Recordó a los cristianos “asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame”, así como al “rostro de los niños, de las mujeres y de las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras”. También mencionó a “los ancianos abandonados por sus propios familiares, a los discapacitados, a los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e hipócrita”.
Criticó a “los fundamentalismos y el terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia”. Clamó contra “los ladrones y corruptos que en vez de salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable mercado de la inmoralidad”.






