Los pajaritos cantaban mientras la luz estrenaba el alba después de una noche más bien fresca, muy tranquila. Comenzaba otro día del recién estrenado septiembre. Mes de la primavera, mes del esperado partido entre Bolivia y Argentina. Clima de esperanza; el termómetro marca creciente alegría sobre todo en quienes lograron comprar una, dos o tres entradas para tan memorable encuentro. Cuando de pronto se nubló todo: el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), Fernando Costa, nos anuncia la existencia de denuncias de corrupción en el fútbol boliviano que envuelve a jugadores, árbitros, dirigentes, la estructura del VAR y que pueden anularse los campeonatos en curso. No escuchamos mal. Horas después, en reunión con representantes de todos los clubes, se confirma la cancelación de los torneos después de una votación a favor de la medida de 14 clubes, una abstención y la negativa de The Strongest y Wilsterman. La voz más fuerte del Club Bolívar, Marcelo Claure, dijo, negro sobre blanco: ”Este campeonato está manchado y no tiene validez.” La pregunta inmediata es ¿cómo está la tabla de este campeonato manchado que no tiene validez? Hasta antes de este terremoto: The Strongest, 49 puntos; Nacional Potosí 43 puntos; Bolívar, 41 puntos. No más preguntas, su señoría.
Claro que la stronguista que firma esta columna está indignada, está dolida. El año pasado, el Tigre era puntero y la FBF, debido a los bloqueos en Santa Cruz por el hoy poco comentado asunto del Censo, decide cancelar el campeonato. Ni expertos ni no expertos supieron explicar por qué no se pudo jugar en otras ciudades. El Tigre se tragó el sapo. Este año, mismo guión, el Tigre tiene que ver cómo se derrumba su ventaja sobre el resto de los clubes, tiene que tragarse un batracio gigante.
Ya nada vale, el fútbol boliviano tiene que ser refundado, dicen en la FBF, en Bolívar y, en voz más baja, en otros clubes del país. La solución ante estas graves denuncias de amaño es, además de poner los casos en cuestión en manos de la justicia (lo que es lógico), suspender todo, detener la emoción del fútbol, pero eso sí, comenzar inmediatamente otro torneo porque llegó el tiempo de la refundación. Con los mismos clubes, los mismos jugadores, la misma estructura arbitral, las mismas cabezas de la FBF. Toda una revolución. La toma de la Bastilla es un piojo tuerto al lado de tan radical transformación. ¿Cómo no agitamos antes tan maravillosa varita mágica? La calabaza se convertirá mañana en el carruaje perfecto para llegar a nuestro encuentro con la Selección Argentina. Messi, si llega, va a quedar boquiabierto con los príncipes bolivianos que descenderán, con sus zapatillas de cristal, al estadio Hernando Siles.
Mientras tanto, pienso en los jugadores que visten la camiseta que me puso mi papá desde que tengo uso de razón: ¿con qué ganas van a un entrenamiento mañana si las pelotas que entraron al arco no valen nada? ¿Dónde ponemos las cenizas de las atajadas de Viscarra que me devolvieron el alma al cuerpo? ¿Dónde colgamos los gritos sostenidos y las canciones que la curva sur regó sobre cada milímetro de la cancha? ¿De qué vale ser el equipo puntero dos años consecutivos si en una conferencia de prensa, en minutos y sin goles trituran el esfuerzo de meses, cuando se jugó el 70% de la torta? ¿Y por qué ahora?
Sin embargo, donde manda la jerarquía del fútbol boliviano, no manda un triste tigre indignado. A llorar al cuartito. Que todo sea porque desde mañana habrá un inmaculado fútbol refundado bien jabonado.
Mientras todo esto pasa, el periódico La Razón vende hasta el último ejemplar de su flamante publicación especial. Cosecha el fruto porque se dedicó en estos últimos meses, gracias al trabajo sistemático de nuestro columnista Jorge Barraza, con el blindaje de todo el equipo de esta casa periodística, a mirar hacia atrás y repasar las brillantes trayectorias de los grandes jugadores de Bolivia y determinar, con el aporte de más de cien personajes ligados al balompié, quién es el número uno de la historia. Dieron su posición también 25.091 de nuestros lectores y lectoras. Fue clara la decisión: el Uno lleva los cuernos de la victoria, el Uno hizo posibles los goles imposibles, el Uno nos regaló un sueño, y el país le regaló su corazón. El Uno de la historia es el Diablo Etcheverry. Mientras el fútbol del 2023 se cae a pedazos, La Razón pone una corona sobre los cuernos del que nos hizo cantar entre lágrimas el más tierno de nuestros himnos: Viva mi patria Bolivia.
Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.







