En Cuba, la pizza callejera se come sobre un pedazo de papel, al mercado se va con bolsa propia y las botellas de ron se reencarnan en recipientes para salsas: no es que el país tenga una admirable conciencia ambiental, sino que la perpetua falta de envases y empaquetado aguza el ingenio isleño.
El reciclaje por necesidad se ha convertido en una costumbre diaria para los cubanos, que cuando salen de casa nunca olvidan meter una “jaba” (bolsa) en la cartera, y que incluso las lavan y las tienden a secar para reutilizarlas hasta que quedan hechas jirones.
MEDIDAS. La falta de envases y bolsas es otra de las caras del desabastecimiento cotidiano de Cuba, atribuible a varios factores según a quién se pregunte: la respuesta oficial es que la culpa la tiene el embargo comercial que Estados Unidos mantiene sobre la isla, mientras que el ciudadano de a pie responsabiliza al aparato estatal por su falta de previsión.
El Gobierno cubano ha invertido en el último trienio más de $us 40 millones en envases, papel y cartón, según informó el Ejecutivo, que anticipó una nueva inversión para producir más cajas de cartón corrugado. Algunos envases y embalajes resultan tan complicados de conseguir por cauces normales, que se han convertido en codiciados objetos de deseo.
Esta situación ha generado oportunidades par pequeñas empresas que fabrican envases de plástico como botellas, garrafas y tarros, una plétora de envases que tendrán una larga vida en Cuba, el país en el que no se tira nada.






