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Aislacionismo o coloniaje

Cierta clase política en nuestro país no deja de sorprender. Sobre todo cuando sigue creyendo que no aislarse es contar con la aprobación de ciertas potencias mundiales acostumbradas al expansionismo y a la intervención de otras soberanías.

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Por Iván Canelas Lizárraga es periodista
/ mayo 7, 2017
en Animal Político

Resulta por demás llamativo que la anterior semana el término “aislacionismo” se haya incrustado y reproducido tantas veces en cierta prensa de nuestro país y que hubiese sido utilizado por diversos actores que migran con camaleónica facilidad entre los roles de analistas y políticos de oposición.

Lo que no es llamativo, por su obviedad, es que una vez más, quienes están en la vereda contraria al oficialismo intentan encontrar argumentos para continuar una estrategia de manipulación y desgaste dentro de nuestro país con el único objetivo, político claro está, de confundir y manipular a gran parte de la sociedad, aunque sus intenciones pasen por intentar desprestigiar a nuestra diplomacia o incluso manosear la mismísima demanda marítima.

El ensayo de novela aislacionista empezó el 3 de abril cuando dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA) un grupo de países encabezados por el nefasto Luis Almagro intentaron instalar una sesión del Consejo Permanente del organismo sin consultas previas y sin contar, como correspondía, con la participación de su flamante presidente, el embajador boliviano Diego Pary. El objetivo: avivar el fuego en la delicada situación venezolana que acababa de salir de otro capítulo de su crisis interna, el supuesto cierre de la Asamblea Legislativa que por cierto nunca ocurrió.

El nudo de esta trama, sin embargo, alcanzó la cúspide cuando con ribetes de escándalo los mismos “analistas” locales echaban un grito al cielo por la insolencia de Bolivia en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al “faltarle el respeto” a las naciones guerreras, criticadas duramente por nuestro representante sobre el ominoso rol que cumplen en el genocidio contra el pueblo sirio.

Hay cierta clase política en nuestro país que no deja de sorprender. Sobre todo cuando sigue creyendo que no aislarse es contar con la aprobación de ciertas potencias mundiales acostumbradas al expansionismo y a la intervención de otras soberanías. Es pues parte de la mentalidad colonial creer que Bolivia no es parte del proceso civilizatorio solo porque contradice a quienes, con el paso de la historia, han dejado un reguero de sangre a su paso por el mundo. Pensar que no estar de acuerdo con tres potencias mundiales es aislarse, es como pensar que América no era civilizada antes de la colonia.

Es así que, cuando la nueva diplomacia no resulta conveniente ni complaciente, la vieja diplomacia, aunque no toda, reacciona y recurre al discurso facilista y habla de aislamiento sin verse en el espejo del pasado, que refleja en la mayoría de los casos a una Bolivia incapaz de influir positivamente en el mundo.

Las causas de ello pueden resumirse en dos elementos fundamentales: a) porque nuestro país carecía de una identidad nacional que no le permitía pensar por sí mismo de adentro hacia fuera, y b) porque padecíamos de una especie de complejo tercermundista que creía que no teníamos nada que aportar.

Hablar de aislacionismo, en una época en que el nombre de Bolivia suena cada vez más fuerte en el mundo, es no haberse vacunado contra un acomplejamiento basado en el mito de que nuestra presencia en el orbe únicamente es posible si contamos con la aprobación de naciones poderosas. El análisis aislacionista parece decirnos: si estás con las potencias coloniales estás con el mundo, porque el mundo son ellos. Pero parece ignorar a la gente, que es la que sufre y que es en definitiva la que muere.

Por ello resulta inconcebible que las posiciones de Bolivia en la OEA y en la ONU, ambas encaminadas a proteger la soberanía y fundamentalmente a la población de Venezuela y Siria de la beligerancia política y sobre todo del interés corporativo imperial, no se asuman como actos concretos de integración y unidad.

Si pedir una investigación independiente y transparente en Siria, si condenar el uso de armas químicas y calificarlo como “injustificable y criminal” y si condenar su uso “independiente de su motivación” es aislarse, es que estamos asistiendo, por decir lo menos, a otra profunda muestra de inversión de valores.

Otro argumento que sorprende y que ha sido usado para sustentar la “tesis aislacionista” es aquel que dice que debemos rendirnos al pensamiento hegemónico de la expansión, para cuidar el derecho particular que tiene Bolivia de una salida soberana al mar, como si esa hegemonía alguna vez se haya pronunciado de manera clara e inequívoca en nuestro favor. En este punto es pertinente analizar: si Bolivia calla ante el conjunto las injusticias que cree que hay en el mundo, ¿cómo puede pedir justicia para sí misma? Queda claro que el camino al mar solo dependerá de nuestra propia coherencia como país, a no ser que asumamos a las relaciones internacionales como una ciencia sin principios ni historia.

Nunca podremos saber, cuáles ni cuántas, pero sin duda Bolivia ha salvado muchas vidas inocentes con nuestras últimas intervenciones en los escenarios multilaterales.

en tendencia: Animalcoloniaje

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