El FMI sacó su último Informe sobre Perspectivas de la Economía Mundial (WEO por sus siglas en inglés), donde da unas esperanzas sobre la disminución de la inflación y la recuperación de la actividad económica mundial.
La inflación mundial, después de alcanzar su pico más alto a mediados de 2022, empezó a declinar aceleradamente hasta el primer trimestre de 2023, para luego continuar disminuyendo pero a un menor ritmo. Proyecta el FMI que la inflación mundial del 8,7% en 2022 disminuiría en 2023 al 6,8%, más baja en 0,2% que la proyectada en abril de este año. En los países avanzados se prevé un descenso de la tasa de inflación de un 7,3% en 2022 a un 4,7% en 2023, en 2,6 puntos porcentuales, mayor a la disminución de la inflación proyectada en las economías emergentes y en desarrollo, de solo el 1,5%, al estimar una disminución de su tasa del 9,8% al 8,3%. El problema es que mientras la inflación general disminuye, la inflación subyacente (sin combustibles y alimentos) se mantiene casi rígida.
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El FMI tampoco enfatiza en el costo generado para abatir la inflación derivado del alza de las tasas de interés de los países avanzados que desde principios de 2022 hasta julio de este año han aumentado en 4,4%, el nivel más alto y sincronizado en lo que va de este siglo. En América del Sur, Brasil, Chile y Colombia empezaron a subir en 2021 hasta julio de este año, en promedio en 11 puntos porcentuales, más de dos veces y media que el aumento de las tasas de interés de los países avanzados.
En cuanto al producto mundial, el FMI estima un crecimiento del 3%, que significa un ajuste hacia arriba del 0,2%, más optimista, comparado con la estimación de su informe en abril de este año, asociado a un crecimiento de las economías avanzadas del 1,5%. Si bien señala el FMI que la desaceleración proyectada para 2023 se mantiene significante, espera un crecimiento del 1,8% para Estados Unidos y del 0,9% para el Área del Euro.
Solamente la economía alemana entraría en recesión con una tasa negativa del PIB de 0,3%, mientras que el Reino Unido se habría salvado con un crecimiento del 0,4%. La desaceleración de la actividad económica se centra en un 93% de las economías avanzadas, pero el fantasma de la recesión estaría rondando la economía alemana, más vulnerable a los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania, con la paradoja de que el FMI espera que la economía rusa crezca en un 1,5%, lo que quiere decir que todo el conjunto de sanciones económicas de los países de la OTAN no le han afectado, pero sí a su socio alemán y a los países dependientes de alimentos y combustibles.
En el caso de las economías emergentes y en desarrollo, que generalmente han crecido siempre a tasas más elevadas que los países adelantados, aunque las diferencias se han ido acortando, para 2023 prevé una tasa de crecimiento del PIB del 4% en promedio, similar a la tasa de 2022, aunque con grandes diferencias según la región que se tome, como en el caso de Latinoamérica y el Caribe, donde se estima una tasa del 1,9%, menor en dos puntos porcentuales a la tasa del 3,9% alcanzada en 2022. Por supuesto que hay fuertes diferencias entre los países de la región, como en el caso de América del Sur, donde el FMI había previsto en 2023 una recesión en Chile, mientras su Banco Central estima un crecimiento del PIB entre menos 0,5% y el 0,25%, alrededor del estancamiento. En el caso de Bolivia los organismos oficiales esperan un crecimiento del PIB del 4,6%.
La mala noticia del FMI en medio de sus proyecciones es que prevé que el crecimiento del comercio mundial se desacelerará del 5,2% en 2022 al 2% en 2023, con un ajuste hacia abajo de 0,4%, más pesimista que la estimación de abril, mientras proyecta que disminuirán los precios tanto de combustibles como no combustibles.
Para el Banco Internacional de Pagos (BIS) hay dos riesgos clave para las perspectivas. En primer lugar, la siguiente fase de desinflación puede ser más difícil. En segundo lugar, las vulnerabilidades macrofinancieras cobran gran importancia en medio de niveles de deuda históricamente altos al final de la era de tasas de interés bajas por mucho tiempo
Para una economía pequeña y abierta como la boliviana son datos relevantes a tener en cuenta.
(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista







