El vicepresidente Álvaro García estuvo en España y en una entrevista habló sobre la situación de los gobiernos progresistas en la región, entre ellos el de Bolivia y el proceso que encara. Destacó la importancia de la economía para mejorar la condición de vida de los “sublevados” y la centralización y la “desdemocratización” en la administración del Estado.
En una extensa entrevista con el eldiario.es hizo un repaso del proceso que vive Bolivia desde hace 11 años como sus orígenes y causas, pero sobre todo de cómo es necesario generar condiciones de base económica para mantenerlos y profundizarlos una vez que pasó el momento de fuerzas movilizadoras como el discurso, la propuesta, el proyecto, los mitos o simbologías.
“Si no logras generar una cierta estabilidad económica, de cierta mejora en la condición de vida de los que se han sublevado y de los que ven a distancia la sublevación, si no haces eso, si no mejoras sus condiciones de vida, muy fácilmente eso va a ser el caldo de cultivo para conspiraciones, sabotajes, malestares aprovechados por las fuerzas opositoras”, sostuvo.
En 2003, en Bolivia se activó una revuelta social que acabó con la dimisión del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada tras más de 60 muertos y cientos de heridos. Carlos Mesa asumió el poder, pero dimitió y dio paso a la sucesión constitucional que llegó hasta el entonces presidente de la Corte Supremo de Justicia, Eduardo Rodríguez.
Rodríguez condujo un gobierno transitorio para la organización de elecciones que en 2005 dieron la inédita victoria con más del 50% del respaldo ciudadano a Evo Morales, quien asumió el poder en enero de 2006. Poco después empezó con la nacionalización de empresas estratégicas y dio paso a una Asamblea Constituyente que redactó la actual Constitución Política del Estado, que, entre otros aspectos, fortalece la presencia del Estado en la economía. La presencia de Morales acabó con un sistema político.
“Cuando ya eres gobierno, a ese papel decisivo de la idea, se incorpora el papel decisivo de la materia, de la economía”, explicó en la entrevista en medio de una visita a Europa, donde cumplió una serie de actividades como su participación en un debate con el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, sobre la revolución rusa.
Una vez mejoradas las condiciones de vida de la gente “te estabilizas, ganas tiempo”, lo que de forma paralela implica una centralización en la toma de decisiones tras esa “tremenda democratización” que representa la revolución. García destacó como fuerza la democratización, pero “para ganar estabilidad tienes que desdemocratizar”, complementó.
“Un proceso revolucionario es una contradicción viva, insuperable, entre democratizar, centralizar; movilizar y satisfacer; entre acción de la sociedad civil y fortaleza del Estado. Si te inclinas mucho hacia el Estado ya no eres revolución sino Estado estabilizado. Y si te inclinas mucho al movimiento social, a la democratización, eres ultrademocrático pero ineficiente y poco efectivo, y entonces te van a golpear los opositores como a tambor de banda de música”, sostuvo.
Ambas estrategias de gobierno son aplicadas “de forma permanente” de forma que ninguna termine anulando a la otra. “¿Hasta cuándo? Hasta que haya una concatenación con otros procesos en otras partes, que reduzcan la asfixia que siempre va a intentar liquidarte”, señaló y dijo que es importante ver la forma de fortalecer estos procesos continuamente.
Argentina, Brasil y Ecuador también encaminaron procesos progresistas, pero ahora, por lo menos en Argentina y Brasil, volvieron las administraciones conservadoras o de derecha. Lanzó la pregunta de ¿Por qué se rompe un vaso de cristal? para explicar lo que puede estar ocurriendo.
“Cuando uno compara Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, puede visualizar esta diferencia: el vaso no se rompe por la piedra o el celular, se rompe porque es rompible. ¿Cómo hacemos vasos que no sean rompibles?, ese es el gran dilema de una persona que participa en un proceso revolucionario o progresista”, precisó.






