Acaba de publicarse la obra completa de Blanca Wiethüchter. Al respecto me permito algunas reflexiones. Diré que Blanca Wiethüchter vivió su obra. En cada verso, en cada sentencia, dejó testimonio de su paso por el mundo en busca de un lugar; su lugar. Aquel que, lejos de haber encontrado, construyó palabra por palabra para sobrevivir y a la vez acoger al mundo todo. Una parábola.
Para ello apeló a los espejos y a las sombras, a la contemplación y al diálogo, a la navegación y al naufragio, al combate y al amor, al miedo y a la redención, exponiéndose rigurosamente a sí misma a la intemperie de cada circunstancia.
Llevar y traer bagajes fue su apostolado comunal. Ida y vuelta, ida y vuelta sobre puentes siempre en procura del otro, hasta encontrarse consigo en ese otro y descubrir a ese otro en sí misma. Última revelación.
Es que la presencia de Blanca en su tiempo y lugar fue desafiante y generosa. Nadie en el amplio universo humano que ella congregó se quedó sin preguntas fundamentales que atender, pero tampoco sin luces o esperanzas de donde aferrarse; las preguntas del ser y del hacer; las luces del saber y del pan en comunión.
En correspondencia con estas figuraciones fundamentales, la edición de la obra completa de Blanca Wiethüchter rinde justo homenaje, en el 70 aniversario de su nacimiento, a una de las voces trascendentales de la literatura boliviana, poniendo a consideración de las nuevas generaciones un legado imprescindible en la hora de los desafíos interculturales, como referencia ejemplar de riesgo creativo y honestidad.
A este emprendimiento editorial concurren diferentes perspectivas de alto rigor sobre esa blanca palabra en la que de muchas maneras todos los caminantes de esos/estos tiempos nos vemos reflejados. Alba María Paz Soldán, Mónica Velásquez y Marcelo Villena, cada uno en su ámbito de responsabilidad, abordan con rigor el análisis crítico de la obra integral de Wiethüchter, permitiéndole al lector, más allá del disfrute literario, la posibilidad de comprender una totalidad construida como testimonio de vida, y a la vez como crónica de fin de un siglo y advenimiento de otro. Con la luz en la palabra y la palabra en la luz, una vez más Blanca Wiethüchter vuelve a convocarnos.






