El título no está equivocado por culpa de algún duende de la imprenta, es el correcto como resultado de las explicaciones oficiales de los recientes datos sobre el comportamiento del PIB en el primer trimestre de 2023.
La tasa de crecimiento en el primer trimestre del PIB en 2023, respecto al mismo periodo en 2022, fue de 2,28%, impulsada por la demanda interna. De acuerdo con la nota de prensa del 16 de agosto del INE: “Según componentes del gasto se reporta que el crecimiento del 2,28% del PIB para el primer trimestre 2023, se explica por la contribución del mercado interno en 10,12%, mientras que el mercado externo incidió con -7,84% al crecimiento económico”.
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Los componentes del “mercado interno” son el consumo final, con una contribución en el crecimiento del PIB del 1,90% y la “formación bruta de capital”, con una incidencia del 8,22%, que dan una contribución positiva de 10,12%, mientras que los que contribuyeron en forma negativa fueron los componentes del “mercado externo”: las exportaciones (-3,84%) y las importaciones (-4%), sumando una incidencia de -7,84%. La diferencia entre ambas contribuciones da la tasa de crecimiento del PIB es de 2,28%.
Con base en esta información las autoridades hablan de que el dinamismo de la economía boliviana depende del mercado interno y que está desahuciada la consigna esgrimida en los tiempos neoliberales del “exportar o morir” y que, por tanto, estaría respaldada la consigna de sustituir importaciones que ha caracterizado la política económica en la nueva gestión gubernamental.
Permítanme hacer primero unas consideraciones conceptuales y luego unos comentarios sobre los falsos dilemas de una política centrada en las exportaciones versus una política orientada a sustituir importaciones.
Estrictamente, las importaciones no son un componente de la demanda sino de la oferta final, como contemplan las estadísticas del INE y muestran que durante el primer trimestre participaron con un 25% de la oferta de bienes y servicios que se transan en el mercado interno. Las importaciones están en forma de bienes de consumo y bienes de capital que forman parte importante de la Formación Bruta de Capital. También están como insumos y bienes intermedios que se incorporan en la producción de bienes finales.
Las exportaciones, por otra parte, son un componente por el lado de la demanda final según el mismo INE y durante el primer trimestre representaron un 12,7% de esta demanda.
Sin embargo, la pregunta que surge es ¿cómo se financian las importaciones? Y la respuesta es mediante las exportaciones que generan divisas y permiten adquirir mercancías y servicios que se producen en el resto del mundo, tienen un poder adquisitivo o poder de compra de las exportaciones. De ahí la importancia de que la balanza comercial sea por lo menos equilibrada y mejor superavitaria como en 2022. Salvo que se quisiera vivir indefinidamente del endeudamiento externo, las exportaciones son la mejor fuente de financiamiento de las importaciones necesarias para que funcione el sistema productivo nacional, incluso de las plantas estatales que van a sustituir importaciones que demandan divisas para sus equipos e insumos. Antes se usaban los datos del modelo insumo-producto que nos mostraban las interrelaciones entre el sector importador y la producción nacional, y que lastimosamente ya no publica el INE.
Por tanto, no se debería subestimar el rol de la demanda externa, las exportaciones, que históricamente ha desempeñado y que desempeña en la economía mundial, especialmente en economías pequeñas como la boliviana, a diferencia de otras como Estados Unidos que tiene un amplio mercado interno.
En la época de la CEPAL se discutió entre el modelo de crecimiento hacia afuera, basado en las exportaciones, y el modelo de crecimiento hacia adentro, enfocado en la Industrialización Sustitutiva de Importaciones, que fracasó por la estrechez del mercado interno y el problema del estrangulamiento externo al caer las exportaciones y al elevarse el endeudamiento externo.
La recomendación lógica es caminar con los dos pies: sustentar el dinamismo tanto en la demanda externa como en la interna, sobre todo en el contexto actual de un nivel crítico de las reservas internacionales del país frente a un entorno externo adverso.
(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista







