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Del juego de palabras en el Palacio de La Paz

Algunos apuntes respecto a ciertas palabras y mensajes que se sueltan en un tribunal holandés.

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Por Erick Ortega
La Paz / abril 4, 2018
en Animal Político

La importancia de la palabra y la delicia de andar en la cornisa del lenguaje tienen estos días un banquete (¿es posible usar una metáfora de comida al referirse a un tema tan de “eruditos”?… ¿es posible ironizar y usar comillas para poner el acento de la mirada en la palabra eruditos?) con lo que sucede allá en el Palacio de la Paz, sacrosanto recinto holandés que soluciona problemas mundiales y evita guerras.  

La Haya (tan bella palabra que invita siempre a la lengua popular a decir “la haiga”, pero obviamente los puristas del lenguaje o aquellos de oídos finos se escandalizan) nos da pues unas clasecillas de aquellas de lenguaje. De esas reuniones magistrales interesantes, pero quizá insulsas (en este caso, la palabra insulsa no tiene mucha relación con otro personaje insulso que cuando estaba a la cabeza de la Organización de Estados Americanos podía “maniobrar” para acercar a dos países y, ahora, quien fue árbitro toma partido por el equipo rival… mal, mal eso). ¿Vale vueltear en una página de periódico? Sí, sí siempre sí.

Volvamos. El equipo rojo chileno en la cancha del Palacio de la Paz se lanzó un par de sentencias de antología estos últimos días. El ministro de Relaciones Exteriores chileno, Roberto Ampuero, expresó que lo que pide Bolivia era imposible de dar. Se refirió a que esta solicitud generaría una “crisis humanitaria” que, además, afectaría a “cientos de miles de personas” (benditas comillas que sirven para que los periodistas nos lavemos las manos con las frases duras de las fuentes). Cuando se escucha “crisis humanitaria” inmediatamente llegan imágenes de hambruna en algún país de África o gente que busca huir de la guerra.

O, siendo más claros: ¿Cuándo pues Bolivia o algún miembro del equipo verde en La Haya ha dicho “queremos que nos den Arica, con su gente, su morro y su tren centenario que tienen en la plaza de la ciudad”? (en este caso las comillas son únicamente para ironizar).

Nunca jamás. ¿Los juristas se han referido a aquello?… no. Ahí está clarito waway (término que bien podría ponérselo en la boca de algún brujo andino) en la solicitud boliviana presentada en aquel tribunal europeo: Bolivia quiere negociar con Chile una salida al océano Pacífico.

(Eso sí y esto merece un mea culpa. ¿Qué gana Bolivia cuando el presidente Evo Morales tuitea que Antofagasta fue, es y será de Bolivia?).

…El presidente Sebastián Piñera también puso lo suyo en esta saga de frases. “Bolivia confunde aspiraciones con derechos”, ha dicho el mandatario del país vecino.

(Vecino, esta palabra también tiene su peso cuando el agente chileno en La Haya, Claudio Grossman, refirió que Bolivia busca posicionar la imagen de Chile como un “mal vecino”. Perú —en su proceso que también llevó a La Haya, con un triunfo incaico— dio a entender que Santiago era la capital de un país “mal vecino”. Argentina, por su lado, tiene las deudas pendientes con Chile por el apoyo a los ingleses en el conflicto bélico de las Malvinas. Es más, décadas pasadas, poco después de la Guerra del Pacífico, Chile miró a Bolivia con buenos ojos para sumar aliados contra Buenos Aires —véase la tesis del chileno José Miguel Concha—).

Cierto: derechos y aspiraciones son dos palabras diferentes, aunque jamás enfrentadas. Chile afirma tener derecho (basado siempre en el Tratado de 1904 que determinó los límites de ambos países, con el gravamen de que los límites siempre los ponen los que han ganado en el campo de batalla, o dicho de otra manera: la historia la escriben los ganadores) y en el juicio en la Corte Internacional de Justicia, Bolivia busca ganarle la partida en su terreno. En el ámbito del derecho.

Quien dio una cátedra en ese sentido fue el señor Antonio Remiro Brotóns (sirva este espacio para indicar que el español aplaudido a rabiar en nuestro país apellida Remiro y deberíamos decirle, respetuosamente siempre, Remiro y no Brotóns). Él dijo: “Ni Dios ni la Corona española le otorgaron el litoral boliviano a Chile”.

Basta ver mapas antiguos para tener una respuesta a esta “provocación” del buen abogado Remiro.

Las veces que Bolivia y Chile se sentaron para negociar una salida soberana al océano Pacífico. Las veces que los presidentes de ambas naciones dialogaron o se abrazaron y se comprometieron en buscar una salida marítima para el país enclaustrado justifican el juicio, más allá de que Chile quiera decir o explicar qué quisieron decir sus exautoridades.

Acá hay otro paréntesis necesario: Bolivia y su “mediterraneidad”. Remiro Brotóns explicó que “carecer de litoral era una pérdida para cualquier país, pero más lo era para un país como Bolivia que había disfrutado del mar, que era como ir a Granada y haber perdido los ojos”.

O sea, el juicio de La Haya es un escenario donde (entre muchísimas cosas importantes, como que se haga justicia con las armas del derecho y que se reponga una salida soberana) se ponen a prueba las habilidades de los jueces y del lenguaje.

Las fichas están puestas y el reto es acomodar el rompecabezas para que cada persona pueda ver la realidad a partir del vidrio de las palabras.

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