En lo que va del año se han registrado al menos 109 casos de rabia canina en el país, la mayoría en Santa Cruz (57% del total). Si bien esta cifra representa un avance respecto a los 193 casos registrados en igual periodo de la gestión anterior (43,5% menos), aún resta mucho por hacer en esta materia, más aún tomando en cuenta que en este primer trimestre han fallecido al menos cuatro personas por causa de rabia.
Frente a estos preocupantes datos, cabe insistir en la necesidad de implementar campañas que alerten a la población sobre la importancia de acudir a un centro de salud no solo en caso de ser atacados por un perro o un gato, sino también cuando conviven con mascotas que fallecen repentinamente con signos de hidrofobia, ya que los animales infectados con rabia no siempre se tornan agresivos y basta tener contacto con su saliva para contagiarse.
Por otro lado, se sabe que la elevada incidencia de rabia canina deviene no tanto por las limitaciones del sistema de vacunación antirrábica, sino sobre todo por la falta de un riguroso control de la población de mascotas en el país, al extremo de que se estima que en ciudades como El Alto existen más de 250.000 perros, es decir un can por cada cuatro habitantes, cuando la proporción no debería ser mayor a un can por cada 10 habitantes, según la OMS. Y para colmo de males, la mayoría de ellos deambulan en las calles en busca de comida y agua, sufriendo frío y accidentes, contrayendo y diseminando enfermedades. De allí la importancia de asumir la proliferación de perros como una política de Estado de una buena vez.






