Van unos cuantos congresos electorales del fútbol boliviano en los que ha ocurrido de todo, incluso una gasificada provocada por un bando desesperado por impedir la victoria del otro, algo que llevó al candidato elegido aquella vez a jurar en una plaza.
Lo que menos ha existido en los últimos años es limpieza, más bien se ha dado un predominio de las mañas, antiguas artes de unos y de otros, sobre todo de los perdedores, aquellos que por nada del mundo son capaces de reconocer sus derrotas.
La Federación Boliviana de Fútbol (FBF) ha convocado para mañana a un Congreso Electoral en Santa Cruz. Si no vuelve a imponerse la falta de cordura, sus principales actores elegirán por fin —con casi un año de retraso— un nuevo Comité Ejecutivo.
Desde que la FBF modificó su Estatuto, tarea que terminó en mayo del año pasado con el objetivo de darle a la entidad una nueva estructura, lo inmediato era elegir a las nuevas autoridades; pero en el camino aparecieron trabas diversas que retrasaron hasta ahora el cumplimiento de lo que debía ser un proceso democrático transparente.
Ya está de buen tamaño poner zancadillas y ensuciar por el simple hecho de no estar de acuerdo. En unas elecciones gana la mayoría y lo que la minoría tiene que hacer es acatar la decisión que sea.
El fútbol boliviano necesita de una buena vez una dirección estable, cualquiera sea el ganador. Son tiempos en los que hay que comenzar a trabajar de cero olvidando el pasado que ha hecho mucho daño y dando certezas de que las cosas pueden mejorar.
Este martes 10 de abril podría ser un día histórico para la FBF si los dirigentes del fútbol entienden de lo que se trata, de poner en marcha un nuevo proceso. Ya no da para papelones, es tiempo de permitir el trabajo del grupo más respaldado y buscar consenso para que sea una victoria de todos.






