Las madres adolescentes y jóvenes de El Alto pueden empoderarse económicamente y aprender a confeccionar textiles con un proyecto de la Fundación Yanapasiñani, que cada año busca brindar este apoyo a más de un centenar de mujeres.
El “Empoderamiento económico para la lucha contra la violencia de mujeres madres adolescentes y jóvenes” se inició en julio del año pasado con el objetivo de apoyar al menos a 25 personas cada tres meses, afirma Rosa Fernández, coordinadora del proyecto.
Este respaldo incluye capacitación en costura industrial y diseño y confección, además de orientación legal y acompañamiento psicológico gratuitos, apoyo para transporte, entrega de capital semilla y la opción de acceder a micropréstamos con 0% de interés.
“Aparte de darles cursos para que se formen, emprendan y mejoren su calidad de vida, las fortalecemos psicológica, social y legalmente para que puedan defenderse”, destaca Fernández.
Procesos. Al principio “nos daban terapias para levantarnos la autoestima y para que nos valoremos más. Luego empezamos a conocer las máquinas e hicimos las prendas”, entre ellas poleras, chamarras y deportivos, indica Dania Álvarez, de 24 años de edad y madre de un niño de 6, la que califica los cursos como “superbuenos”.
“Cuando comencé” las capacitaciones, “mi suegra y mi esposo se oponían a que siga. Me decían que no podría y que fracasaría, pero aprendí”, cuenta a su vez con orgullo otra mujer que prefirió mantener su nombre en reserva, la cual dejó en silencio a sus detractores tras especializarse en la confección de deportivos para niños que luego vende al por mayor en Cochabamba.
Esos son dos de los 100 casos de mamás, en especial de entre 14 y 22 años, que en los primeros 12 meses del proyecto llegaron hasta el Centro Yanapasiñani, que tiene su sede en la zona de Villa Dolores (El Alto). El lugar funciona con fondos de la organización no gubernamental española Manos Unidas, que busca en Bolivia el desarrollo de las personas más desfavorecidas que están en riesgo de exclusión social.
Las beneficiarias reciben educación y apoyo psicológico y legal durante tres meses, luego de los cuales son alentadas a generar sus propios ingresos. Durante la capacitación —que se da en la mañana o en la tarde—, las mamás pueden dejar a sus hijos en una guardería que se encuentra en el propio centro de educación, tras lo cual pasan a las aulas que están equipadas con todo lo necesario para su aprendizaje.
Finalizados los cursos, también se les proporciona a todas las mamás un capital semilla de Bs 700 que deben usar para comenzar su propio negocio. Pero eso no es todo, a las nuevas emprendedoras se les hace un seguimiento para que sigan motivadas y no abandonen su labor.
Al momento, algunas de las graduadas trabajan como asalariadas en la confección de textiles y otras tienen sus propios talleres.
Álvarez, por ejemplo, es ayudante de costura e invirtió su capital semilla en comprar una máquina recta con la cual planea tener su propio taller. “En esta vida, todo se puede. Solo hay que poner de nosotras”, asegura.
Expectativas. El proyecto “Empoderamiento económico para la lucha contra la violencia de mujeres madres adolescentes y jóvenes” tiene un financiamiento de $us 82.000 euros ($us 98.225). Como parte de la iniciativa, se busca que las nuevas trabajadoras puedan promocionar su oferta a través de las ferias municipales que realizan las alcaldías de La Paz y El Alto.
El proyecto “nace de un diagnóstico a mujeres vulnerables, nace de su necesidad”, dice la representante de Yanapasiñani, una palabra aymara que significa “Nos ayudaremos”. Cada vez más madres, en especial adolescentes, “nos buscan y queremos que sean 100 beneficiarias más el próximo año. Lo lograremos”.






