La acelerada expansión de las tecnologías de comunicación e información está produciendo cambios igualmente acelerados en las prácticas sociales; previsiblemente, la delincuencia también aprovecha estos avances, produciendo no solamente nuevos tipos de delitos (por ejemplo el phishing), sino también actualizando otras prácticas, como el comercio de bienes robados.
Investigaciones del Instituto de Investigaciones Técnico Científicas de la Universidad Policial (IITCUP) han permitido descubrir que de 120 casos que están siendo indagados por los peritos de la institución, 100 (el 83,3%) están vinculados con el tráfico de bienes robados y que son comercializados a través de páginas web o en Facebook.
Un perito de la IITCUP, probablemente el área de mayor desarrollo en los últimos años, confirmó a este diario que solo en la mencionada red social hay más de 20 páginas dedicadas a difundir fotografías, información, precios y condiciones de venta de artículos mal habidos. Pero lo más interesante es el perfil de quienes ofertan estos productos: en su mayoría son varones de 35 a 55 años que crean cuentas falsas, con identidad femenina, lo cual les permite ganarse la confianza de los potenciales compradores.
Asimismo, el usar identidades femeninas permite a los delincuentes atraer a varones interesados en el aspecto físico que muestran en los perfiles falsos, con el fin de concertar citas que luego se pueden convertir en robos y asaltos. A menudo, por vergüenza, las víctimas no presentan ninguna denuncia.
Los expertos de la ya nombrada división informática forense se dedican al “patrullaje cibernético” a requerimiento fiscal y poseen competencias para analizar dispositivos móviles, discos duros, cámaras de seguridad y redes sociales. Gracias a este trabajo, son capaces por ejemplo de identificar de qué dispositivo salió una determinada imagen, hacer seguimiento a la persona que la publicó, e incluso poseen la tecnología que les permite romper claves de seguridad o identificar intercambios de llamadas y hasta conversaciones en aplicaciones como WhatsApp.
Como es fácil imaginar, estas destrezas y la tecnología que las acompaña también pueden ser fuente de otras prácticas de seguimiento, interceptación y hasta espionaje de parte de fuerzas estatales hacia individuos de la sociedad, como ya lo denunció Edward Snowden en 2013, al detallar prácticas de espionaje global por parte de agencias del Gobierno de EEUU.
Lo que corresponde en este contexto es impulsar vigorosamente leyes como la que busca proteger los datos de usuarios de redes sociales e internet, que a tiempo de señalar los usos apropiados de la tecnología también ponga límites a las tentaciones que algunas personas con acceso a ellas pudieran tener, ora para manipular conciencias, ora para hacer seguimiento a las actividades privadas de los individuos.






