En una conferencia de prensa, el Ministro de Desarrollo Productivo informó que en 2017 el consumo promedio anual de leche en el país llegó a los 62,5 litros per cápita, un 49% más respecto a hace cinco años, cuando se consumían 42 litros por persona al año en promedio. Según las autoridades, este incremento fue posible gracias a diversas políticas como la implementación del desayuno escolar, que incluye leches saborizadas y yogurt entre sus productos.
Por otra parte, en 2012 se creó el Fondo Proleche a partir de un impuesto adicional a las empresas que comercializan cerveza o importan bebidas alcohólicas. En los primeros dos años este fondo logró recaudar Bs 87,9 millones, que fueron destinados en su mayoría, un 80%, para beneficio de los productores de leche, quienes reciben un monto adicional por cada litro que venden. El resto se utilizó en campañas y proyectos de fortalecimiento para incentivar el consumo de leche en la población.
Ahora bien, a pesar de este significativo aumento en el último lustro, la tasa anual de consumo de leche en Bolivia sigue siendo una de las más bajas de la región, muy por debajo por ejemplo de la de Uruguay (238 litros al año) o la de Brasil (176). De allí la necesidad de redoblar los esfuerzos en esta cruzada, máxime tomando en cuenta las virtudes nutritivas de la leche y de sus derivados especialmente para la dieta de los niños e infantes; así como la elevada prevalencia de la desnutrición infantil, que se encuentra en torno al 30% en algunas regiones rurales del país, según datos del INE.






