El país conmemoró ayer el Día del Maestro, fecha propicia para recordar que el progreso de toda sociedad, así como el desarrollo pleno de los individuos, pasa necesariamente por una formación académica de calidad, capaz de transmitir conceptos teóricos de complejidad creciente, y en particular de impulsar el desarrollo de competencias propias entre los estudiantes para que puedan aprender, investigar y desarrollar conocimientos por sus propios medios.
También existe consenso en que una educación de calidad de este tipo pasa necesariamente por tener maestros y docentes de excelencia, altamente motivados y bien preparados. En cuanto al primer aspecto, una adecuada remuneración que reconozca la importancia de los educadores para la formación de la sociedad, junto con las condiciones necesarias para enseñar y promover la investigación, garantizarían el interés de los docentes, y a la vez atraería al ámbito educativo a personas sobresalientes con vocación de maestros que actualmente prefieren dedicarse a otros rubros con mejores condiciones laborales.
En cuanto a la preparación de los docentes, además de facilidades, becas y cursos de capacitación que promuevan su actualización y el aprendizaje de nuevos contenidos y herramientas, la mejor manera de asegurarse de que una persona tiene la aptitud y las competencias necesarias para transmitir conocimientos a las nuevas generaciones es a través de exámenes de competencia y meritocracia, junto a evaluaciones periódicas de desempeño.






